PORTADA. Ernesto Piana en el sitio Lancha Packewaia (año 2025). Foto: Oriana Hernandez Herrero.
En este número queremos homenajear a uno de los primeros investigadores del CADIC: Ernesto Piana. Nacido en General Pico (provincia de La Pampa) en 1948, desde pequeño mostró interés por la historia y por la diversidad cultural de las sociedades humanas.
En 1968, al año de ingresar a la Facultad de Filosofía y Letras (UBA), comenzó a desempeñarse como ayudante en la cátedra del Dr. Lafón, donde surgieron sus primeras inquietudes sobre la formación de los sitios arqueológicos. Allí conoció a Luis Orquera (VER LA LUPA 14), su futuro compañero en las investigaciones desarrolladas en la región del canal Beagle. En 1975 formó parte del primer equipo argentino que realizó una excavación arqueológica sistemática en Tierra del Fuego (sitio Lancha Packewaia; VER LA LUPA 8). En 1977 se graduó como Licenciado en Ciencias Antropológicas. En 1979 fue distinguido como uno de los “Diez Jóvenes Sobresalientes de la Argentina” por la Cámara Junior Internacional.
En 1983, ingresó a la Carrera de Investigador Científico en CONICET con lugar de trabajo en el CADIC, donde dió incio al “Programa de Antropología”, constituyéndose en el primer director de una línea de investigación radicado en Ushuaia. En esa época empezó a desarrollarse el Proyecto Arqueológico Canal Beagle (PACB), del cual fue uno de sus directores hasta el 2013 y en cuyo marco se formaron numerosos becarios/as e investigadores/as. A lo largo de esos años realizó múltiples aportes a la investigación arqueológica, reflejados en más de un centenar de publicaciones científicas. Entre ellos se destacan el desarrollo de una metodología de excavación orientada a comprender las distintas ocupaciones de los sitios —en particular en contextos de concheros—, posteriormente replicada en diversas regiones del mundo; la determinación de la antigüedad de las ocupaciones humanas en la región del canal Beagle; el análisis del vínculo entre las poblaciones humanas y su entorno a lo largo del tiempo y el estudio sistemático de las fuentes históricas regionales; entre otros. Muchos de estos aportes quedaron sintetizados en dos obras fundamentales publicadas en 1999, junto con Luis Orquera: La vida material y social de los Yámanas y Arqueología de la región del canal Beagle
Ernesto Piana trabajando en la excavación del sitio Túnel I en la década de 1980.
Su extensa trayectoria no se limitó a la investigación. Se desempeñó como docente en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, en la Universidad Nacional de Tierra del Fuego (UNTDF) y en el CENT 11; fue además profesor visitante y expositor en la Universidad Autónoma de Barcelona y profesor asociado en la University of North Texas. Asimismo, dedicó gran parte de su tiempo a la gestión institucional, primero como vicedirector del CADIC entre 1992 y 2004 y más tarde como director del Instituto de Cultura, Sociedad y Estado de la UNTDF, entre 2013 y 2015.
Ernesto mantuvo, durante toda su carrera, un compromiso con la divulgación científica y una participación activa en temas vinculados al desarrollo de la provincia. Dedicó innumerables horas a brindar charlas en escuelas, capacitaciones y asesoramiento en guiones museográficos y emprendimientos turísticos, además de trabajar incansablemente por la conservación del patrimonio fueguino. En este marco, en 2012 publicó junto a otros colegas, Diez mil años de fuegos. Arqueología y etnografía del fin del mundo, obra que presenta la historia de las ocupaciones humanas en Tierra del Fuego. Su labor fue reconocida en 2010, cuando fue nombrado “Personalidad Ilustre” de la ciudad de Ushuaia por el Honorable Concejo Deliberante.
La vocación de Ernesto como arqueólogo, docente y divulgador permanece vigente. Su interés por la historia y el trabajo de campo lo convirtió en un pionero en estas tierras australes, sentando las bases para una mejor comprensión del pasado fueguino y para proyectar el futuro de nuestra provincia.
Los seres humanos somos una de las pocas especies que elaboramos tecnología para resolver necesidades cotidianas. Hoy accedemos a una amplia variedad de herramientas en ferias, bazares, ferreterías, etc. Pero ¿cómo las obtenían quienes habitaron las costas del Onashaga (canal Beagle) hace unos 7.000 años?
En este artículo exploramos cómo producían tecnología lítica —artefactos o herramientas de roca— las personas que habitaron Moat. A partir del estudio del conjunto artefactual del sitio Heshkaia 60 buscamos responder: ¿cómo elaboraban las herramientas líticas?, ¿todas las rocas servían por igual?, ¿cómo las elegían? y ¿para qué las usaban?
EL CASO DE ESTUDIO: HESHKAIA 60
La arqueología estudia el pasado a partir de los restos materiales que dejaron las personas. Por eso, el contexto en que se encuentran esos materiales es tan importante como los propios hallazgos. En Moat, el sitio arqueológico Heshkaia 60 (FIGURA 1) presenta tres particularidades.En primer lugar, es el único caso de Moat con una cronología tan antigua, que nos remonta al Holoceno medio (entre 7000 y 5300 años antes del presente). En segundo lugar, a diferencia de la mayoría de los sitios del Onashaga, no es un conchero: los materiales están depositados en capas sucesivas de sedimentos. Por último, y posiblemente relacionado con estas condiciones de enterramiento, sólo se preservó el conjunto de artefactos líticos.
FIGURA 1. Ubicación de Heshkaia 60 e imágenes del proceso de excavación. La imagen izquierda fue tomada por Atilio Francisco Zangrando.
Los materiales arqueológicos aportan información si se conserva su contexto. En caso de hallar alguno, no lo manipules: comunicate con los organismos provinciales de cultura o patrimonio. Están protegidos por la Ley Nacional N° 25.743 y la Ley provincial N° 370.
¿CÓMO ELABORABAN LAS HERRAMIENTAS LÍTICAS?
Imaginemos que las personas necesitaban un cuchillo y tenían que hacerlo a partir de una roca. Este proceso, denominado secuencia de manufactura, comenzaba con la búsqueda y selección de la materia prima. Luego, con golpes controlados con otra roca, desprendían lascas (fragmentos) de un núcleo, es decir, la roca original (FIGURA 2). Algunas de esas lascas se convertían en herramientas mediante pequeñas extracciones en sus bordes —que en arqueología llamamos “retoques”—, realizadas con golpes suaves o presión. Tanto al obtener lascas como al retocarlas se generaban desechos de talla: fragmentos que no se utilizaban.
FIGURA 2. Artefactos del conjunto artefactual lítico de Heshkaia 60.
¿TODAS LAS ROCAS SERVÍAN POR IGUAL?
En Heshkaia 60 se identicaron secuencias de manufactura completas para rocas volcánicas, rocas metamórficas, lutitas y fangolitas, lo que indica que todo el proceso de talla ocurrió en el sitio. Las rocas volcánicas y las metamórficas, de calidad para la talla regular a buena, fueron las más elegidas por los grupos humanos. No obstante, la mayoría de las herramientas confeccionadas con estas materias primas fueron descartadas sin haber sido muy aprovechadas. La lutita y la fangolita, rocas sedimentarias de grano fino y muy buena calidad, aparecen en menor proporción, pero se extrajeron todas las lascas posibles de sus núcleos y se seleccionaron especialmente para confeccionar herramientas con múltiples filos.
En cambio, el cuarzo y la obsidiana verde presentan secuencias de manufactura incompletas, lo que indica que parte del proceso de manufactura ocurrió fuera del sitio. El cuarzo, de calidad regular para la talla, está representado en bajos porcentajes y aparece exclusivamente como desechos. La obsidiana verde, un vidrio volcánico de textura homogénea y excelente calidad para la talla, aparece en proporciones muy bajas (menos del 1%), principalmente como fragmentos de herramientas y desechos de formatización de filos. Si sólo importara la calidad para la talla, la lutita, la fangolita y la obsidiana verde habrían sido las rocas más elegidas en el sitio. Pero no fue así: el conjunto está compuesto mayormente por rocas volcánicas y metamórficas. No obstante, cada vez que utilizaron lutita, fangolita u obsidiana verde, las aprovecharon al máximo, ¿qué nos estará indicando eso?
¿CÓMO ELEGÍAN LAS ROCAS?
Para comprender las elecciones es necesario considerar el inicio de la secuencia de manufactura. Esto nos conduce a indagar la composición del paisaje lítico local y regional: ¿dónde podían obtener las materias primas líticas? Los antecedentes indican que las rocas volcánicas y metamórficas, la lutita, la fangolita y el cuarzo se encuentran en el entorno local. En cambio, la fuente de obsidiana verde se estima a 400 km en línea recta desde Moat, en torno al seno Otway (Chile).
Ahora bien, dentro del espacio local, ¿las rocas se encuentran igualmente abundantes? Para evaluar la disponibilidad de las distintas materias primas líticas en la localidad se realizó un muestreo sistemático de depósitos secundarios en paleoplayas, playas activas, drumlins y en la desembocadura del río Moat (FIGURA 3).
PALEOPLAYA
DRUMLIN
PLAYA ACTIVA
DESEMBOCADURA FLUVIAL
FIGURA 3. Muestreos en depósitos secundarios de Moat.
El análisis de 600 bloques y guijarros mostró que la selección respondió a múltiples factores. La disponibilidad tuvo un papel importante, ya que las rocas predominantes en el entorno local coinciden con las más frecuentes en el registro arqueológico (FIGURA 4A). Aun así, la lutita y la fangolita fueron elegidas en proporciones muy superiores a lo que se encuentran en la naturaleza, lo que indica que los humanos las buscaban intencionalmente.
La calidad para la talla constituyó otro factor determinante: mientras en los depósitos naturales predominan rocas de calidad mala a regular, en Heshkaia 60 sólo se registran calidades regulares a muy buenas, con clara preferencia por las buenas y muy buenas (FIGURA 4B). Además, cerca de la mitad de las rocas del entorno contiene impurezas que dificultan la talla, rasgo casi ausente en los núcleos arqueológicos. En cuanto al tamaño, aunque en el paisaje abundan rocas medianas y grandes, en el conjunto arqueológico sólo se registran núcleos grandes y muy grandes.
En conjunto, estos datos indican que las personas que habitaron este espacio seleccionaron muy cuidadosamente las rocas que necesitaban para realizar sus herramientas.
FIGURA 4. Representación comparativa de las materias primas líticas en depósitos naturales y en el sitio Heshkaia 60 según el tipo (A) y la calidad (B).
¿PARA QUÉ LAS USABAN?
El análisis funcional, realizado mediante microscopía, permite determinar cómo se utilizaron los artefactos. Las herramientas elaboradas en roca volcánica se utilizaron para cortar madera y materiales duros indeterminados (hueso u otros) (FIGURA 5). Las hechas en roca metamórfica las aprovecharon para trabajar hueso y combinaron corte y raspado. Las confeccionadas en lutita las usaron para raspar exclusivamente madera y material duro indeterminado. Este estudio permitió identificar el aprovechamiento de recursos que no se preservaron en Heshkaia 60. El trabajo intensivo sobre hueso y madera pudo haber estado vinculado con la manufactura de otros artefactos, como arpones, mangos, remos, entre otros.
CONOCIMIENTO, ESTRATEGIAS Y REDES SOCIALES
Al integrar la información sobre disponibilidad, calidad y uso, se observa una gestión estratégica de los recursos líticos por parte de quienes habitaron Heshkaia 60. Las rocas volcánicas y metamórficas, abundantes y funcionales para múltiples tareas, fueron utilizadas de manera expeditiva: se produjeron herramientas según las necesidades inmediatas que las personas tenían en el momento de la ocupación del sitio y se descartaron en el lugar sin agotar su potencial. En contraste, la lutita, una roca escasa, pero de muy buena calidad, fue intensamente aprovechada y destinada a tareas más específicas. La obsidiana verde, ausente en el entorno local, ingresó al sitio como artefactos previamente elaborados. Aunque no se registraron rastros de uso, la conservación y aprovechamiento de las piezas sugieren un manejo cuidadoso de este recurso.
FIGURA 5. Herramientas líticas según actividad realizada. Se señalan los filos utilizados, los sectores con micropulidos diagnósticos y las superficies de roca “fresca” (previo al uso) y con micropulidos (posterior al uso).
Las estrategias reflejan que quienes habitaron Moat tenían un conocimiento técnico y espacial a distintas escalas. A nivel local, conocían la distribución de las materias primas y seleccionaban activamente las rocas más adecuadas a cada necesidad. A nivel regional, la obsidiana verde constituye una evidencia material de vínculos sociales en un área muy amplia, ya sea a través de viajes largos con interacciones directas, o mediante redes de intercambio basadas en relaciones sociales.
Cada decisión sobre qué roca elegir, dónde obtenerla, cómo trabajarla y para qué utilizarla, da cuenta de un conocimiento acumulado y transmitido a lo largo de generaciones.
De esta manera, la tecnología lítica de Heshkaia 60 se presenta como un testimonio material de decisiones basadas en la experiencia de quienes habitaron Moat durante el Holoceno medio. O
GLOSARIO
HOLOCENO MEDIO: período comprendido aproximadamente entre 7.000 y 4.000 años antes del presente.
ANTES DEL PRESENTE: forma de datación que cuenta los años hacia atrás desde 1950.
CONCHERO: sitio arqueológico formado por grandes acumulaciones de valvas y restos de actividades humanas.
CALIDAD PARA LA TALLA: grado de aptitud de una roca para ser tallada de manera controlada.
DEPÓSITO SECUNDARIO: acumulación de rocas transportadas y redepositadas fuera de su lugar de origen por procesos naturales (agua o hielo).
PALEOPLAYA: antigua playa, actualmente cubierta por vegetación.
DRUMLIN: depósito de origen glaciar.
IMPUREZAS: irregularidades en una roca que dificultan su talla (cristales o planos de oxidación).
FIGURA 1. Disco de Secchi empleado para estimar la transparencia del agua. Se sumerge en el cuerpo de agua y se registra la profundidad a la que se deja de ver.
El disco de Secchi es un dispositivo sencillo que se suele emplear para estimar la transparencia del agua en lagos y lagunas, originalmente pensado para el mar. Lo implementó Ángelo Secchi en el año 1865 en una expedición al Mar Mediterráneo. Consiste en un disco, generalmente de metal, pintado de blanco y negro, que se sumerge en el agua (FIGURA 1).
Se registra la profundidad a la que se deja de ver, que suele estar relacionada con la concentración de fitoplancton y demás partículas en suspensión. Existen relaciones empíricas que vinculan la visibilidad del disco de Secchi con la profundidad de compensación de la luz, que señala aproximadamente el límite de la capa productiva, donde hay más fotosíntesis que respiración.
Este instrumento se sigue empleando en la actualidad y, al ser de bajo costo y fácil construcción, resulta conveniente en iniciativas de ciencia ciudadana donde, por ejemplo, se monitorean los mismos lagos a lo largo del tiempo para visualizar los efectos de la eutroficación: aumento en la concentración de nutrientes que trae aparejado el crecimiento algal que reduce a su vez la transparencia del agua.
Adicionalmente, Secchi (1818-1878) fue un astrónomo italiano, ampliamente reconocido por desarrollar un sistema de clasificación de estrellas que también se emplea en la actualidad: blancas, amarillas, naranjas o rojas. Así, Secchi ha resultado un verdadero visionario.
Viuda, morenita, grongi, zoárcido, congrio, rock eel.
Clasificación Taxonómica
REINO: Animalia
FILO: Chordata
CLASE: Actinopterygii
ORDEN: Perciformes
FAMILIA: Zoarcidae
GÉNERO:Austrolycus
ESPECIE:Austrolycus depressiceps (Regan, 1913)
PORTADA. Características externas de la viuda o morenita (Austrolycus depressiceps), destacando su cuerpo alargado y la aleta dorsal continua que se une con las aletas caudal y anal. Autor: Regan (1913).
Etimología y Características Generales
El nombre Austrolycus proviene de austro (del latín auster, “sur” o “del sur”) y del griego lykos (λύκος), que significa “lobo”. El término puede interpretarse como “lobo del sur”, en referencia a su distribución en aguas australes.
La viuda o morenita es un pez óseo bentónico (vive asociado al fondo marino) perteneciente a la familia Zoarcidae, un grupo de peces conocidos comúnmente como eelpouts en inglés, o zoárcidos en español. Tienen cuerpos alargados y flexibles adaptados a vivir cerca del fondo marino.
En Austrolycus depressiceps la aleta dorsal posee entre 100 y 110 radios (estructuras que sostienen la aleta), y se une de forma continua con las aletas caudal y anal formando una sola aleta que recorre gran parte del cuerpo. La aleta anal presenta entre 74 y 84 radios, mientras que las aletas pectorales poseen aproximadamente entre 17 y 18 radios. Las aletas pélvicas están ausentes o son extremadamente reducidas en esta especie.
FIGURA 1. Individuo adulto de viuda o morenita (Austrolycus depressiceps) junto a ejemplar adulto de centolla en su hábitat natural, asociado a ambientes rocosos del intermareal y submareal somero (poco profundo).Foto: Mariano Rodríguez – Argentina Submarina.
Descripción Biológica y Morfológica
La viuda o morenita es un pez de tamaño moderado. Aunque es frecuente observar individuos de aproximadamente 40-41 cm de longitud total, se han registrado machos de hasta 55 y 57 cm de longitud total y hembras de hasta 52 cm.
El cuerpo es alargado y flexible, y su altura máxima (mirándolo de costado) es alrededor del 12,4% de la longitud total en individuos adultos. Estas características permiten que la especie se desplace con facilidad entre rocas, grietas y cavidades del fondo marino. La cabeza es relativamente grande y aplanada, rasgo que da origen al nombre específico depressiceps, que significa cabeza deprimida.
La coloración de los adultos suele ser oscura o marrón, lo que facilita el camuflaje entre rocas, sedimentos y algas del fondo marino. En contraste, los huevos y larvas presentan tonalidades naranjas intensas, probablemente por los carotenoides presentes en el vitelo, que es su sustancia de reserva.
FIGURA 2. Mapa de distribución de Austrolycus depressiceps en el extremo sur de Sudamérica, incluyendo el sur de Chile, Tierra del Fuego y las Islas Malvinas. Fuente: Fishbase.
Distribución y Hábitat
La viuda o morenita se distribuye en el extremo sur de Sudamérica, principalmente en aguas subantárticas del océano Pacífico sudoriental y del Atlántico sudoccidental. Su distribución se extiende aproximadamente desde los 44° S en el Pacífico hasta cerca de los 51° S en el Atlántico, incluyendo regiones del sur de Chile, el extremo austral de Argentina y el área de las Islas Malvinas.
Es una especie característica de ambientes costeros rocosos, encontrándose principalmente en la zona intermareal, donde habita en cavidades estrechas bajo grandes rocas o en piletas intermareales que mantienen conexión con el mar durante la pleamar (marea alta). También puede encontrarse asociada a bosques de macroalgas, particularmente a los bosques de cachiyuyo (Macrocystis pyrifera), donde utiliza las estructuras del sustrato y de las algas como refugio.
En Tierra del Fuego, esta especie es considerada uno de los zoárcidos más abundantes en los ambientes intermareales, registrándose tanto en la costa atlántica fueguina como en el canal Beagle. Su presencia frecuente en estos ambientes sugiere que desempeña un papel importante dentro de las comunidades de peces costeros subantárticos.
Ecología y Comportamiento
En los ambientes rocosos e intermareales donde habita convive con otras especies de las comunidades costeras subantárticas, como el pez piedra (Patagonotothen cornucola) y el diablito (Harpagifer bispinis).
La viuda o morenita es un pez carnívoro que se alimenta de pequeños peces e invertebrados bentónicos, incluyendo poliquetos y crustáceos. Los juveniles suelen alimentarse de pequeños crustáceos intermareales, como anfípodos y otros invertebrados que abundan en este tipo de ambientes. Su comportamiento críptico y su coloración oscura le permiten evitar depredadores y aproximarse a sus presas en ambientes complejos.
Reproducción y Desarrollo
La viuda es una especie ovípara, es decir que pone huevos que se desarrollan fuera de su cuerpo. Su reproducción ocurre principalmente durante los meses de noviembre y diciembre, cuando los adultos migran hacia la zona intermareal y depositan sus huevos en cavidades o grietas entre las rocas.
Las puestas de huevos consisten en racimos compactos de aproximadamente 460-465 huevos esféricos de color naranja, alcanzando diámetros entre 9,2 y 9,8 mm. Además, presentan una membrana externa o corion grueso que probablemente proteja al embrión de la turbulencia del agua en ambientes intermareales.
Un rasgo destacado de su biología reproductiva es el cuidado parental: la hembra permanece cerca de la masa de huevos, enroscándose o manteniéndose junto a ella para protegerla de posibles depredadores.
Las larvas eclosionan (salen del huevo) con una longitud aproximada de entre 2,2 y 2,5 cm. Al momento de nacer presentan un desarrollo relativamente avanzado, con radios y vértebras ya formados (aproximadamente 105-107 vértebras). Las larvas son translúcidas o presentan muy poca pigmentación, excepto en los ojos, que ya se encuentran completamente pigmentados.
FIGURA 3. Larva o juvenil temprano de Austrolycus depressiceps, caracterizado por presentar ojos proporcionalmente grandes y un saco vitelino visible durante las primeras etapas de desarrollo (A y B), y estadíos más avanzados (C). Autor: Matallanas et al. (1990).
Estado de Conservación y Amenazas
Actualmente Austrolycus depressiceps no ha sido evaluada oficialmente por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), y en gran parte de su rango de distribución no posee una categoría de conservación específica.
La especie no tiene valor comercial ni interés pesquero directo, aunque ocasionalmente resulta capturada incidentalmente en pesquerías costeras artesanales. Registros provenientes de sitios arqueológicos de Tierra del Fuego indican que, hace aproximadamente 6000 años antes del presente, estas especies formaban parte de la dieta de los habitantes originarios.
Se ha observado que las puestas pueden verse afectadas por infestaciones de hirudíneos (comúnmente llamadas sanguijuelas) y por el crecimiento de algas cianofíceas (algas verdeazuladas) sobre los huevos. Asimismo, la degradación de los ambientes donde se encuentra, el intermareal rocoso y bosque de macroalgas, podría afectar indirectamente sus poblaciones.
Se trata de una especie llamativa e inofensiva para los seres humanos, y bastante común en nuestros ambientes costeros subantárticos.
Bibliografía
Matallanas, J, et al. (1990). Early stages of development and reproductive biology of the South-American eelpout Austrolycus depressiceps Regan, 1913 (Teleostei: Zoarcidae). Scientia Marina 54(3): 257-261.
Regan, C. T. (1913). The Antarctic fishes of the Scottish National Antarctic Expedition. Transactions of the Royal Society of Edinburgh. v. 49 (pt2, no. 2): 229-292, Pls. 1-11.
Durante el proceso editorial del presente número, presenciamos el avance de la modificación de la Ley 26.639, conocida como Ley de Glaciares: la norma nacional que establece los requisitos mínimos para su protección. La modificación que se está llevando a cabo debilita la protección de los glaciares, de las zonas periglaciares y de los complejos ecosistemas asociados que dependen de ellos.
En Argentina hay 16.968 cuerpos de hielo inventariados, que se encuentran distribuidos a lo largo de la Cordillera de los Andes y en las islas del Atlántico Sur. Esto quiere decir que solo el 0,4% del territorio nacional está ocupado por glaciares, reservas estratégicas de agua dulce de las que dependen, directa o indirectamente, más de 25 millones de personas. En este mundo del revés, resulta ilógico desenterrar el oro de la montaña para volver a enterrarlo en las bóvedas de los bancos, como dice Marta Maffei, impulsora de la ahora antigua Ley de Glaciares.
La ley modificada reconocía y protegía la multiplicidad de funciones que cumplen estos ambientes: son reservas de agua dulce, regulan las cuencas hídricas, influyen en el clima, son sostenedores de la biodiversidad y los ecosistemas circundantes, y constituyen valiosos archivos de la historia climática del planeta.
La nueva ley permite sustituir investigaciones científicas de alta calidad por estudios de impacto ambiental poco claros. Además, debilita el sustento científico construido durante décadas y abre la puerta a la explotación megaminera de altura, generadora de impactos ambientales, económicos y sociales negativos para el país a mediano y largo plazo.
Desde este comité editorial consideramos que las decisiones políticas deben basarse en evidencia científica sólida y orientarse al bienestar de las mayorías presentes y futuras. Sostenemos la defensa de una ley que supo ser pionera en la protección de los glaciares. Por eso nuestro compromiso siempre será con la ciencia, el ambiente y la vida por sobre los intereses de grupos económicos.
Es el cánido más grande de Sudamérica, mayormente nocturno y por ende raro de observar. En algunos sitios también se lo conoce como zorro potrillo. Se alimenta de pequeños animales y frutos, y habita principalmente en zonas de pastizales y humedales. Llaman la atención sobre la especie su altura, su característico pelaje rojizo-naranja con crin y sus extremidades negras. Su principal amenaza es la pérdida del hábitat y el atropellamiento en rutas; en Argentina está considerado como una especie amenazada. Técnica: Microfibra sobre papel.
El Cementerio de los Antiguos Pobladores de Ushuaia
Museo a cielo abierto y patrimonio cultural de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur
PORTADA: Tumbas marcadas con cruces, las negras identificaban a los reclusos en el primer trazado del cementerio de Ushuaia.
Existen varias razones por las cuales los cementerios son considerados “museos a cielo abierto”. Entre ellas, se destacan su valor histórico, cultural, artístico y simbólico. En cuanto al patrimonio cultural y artístico, los cementerios contienen una rica diversidad de estilos arquitectónicos, esculturas, pinturas y monumentos funerarios, que reflejan las tendencias artísticas de diferentes épocas. Muchos de estos monumentos son obras de importantes escultores y arquitectos, lo que convierte a los cementerios en espacios de interés artístico y estético.
En este sentido, si bien el Antiguo Cementerio de Ushuaia no posee estilos arquitectónicos similares a los del resto de la Argentina de principios del siglo XX, tuvo su propia identidad debido a las diversas migraciones, en particular españolas y chilenas, que se asentaron in la ciudad. Entre las primeras manos de obra que participaron en la construcción de esta necrópolis se encuentran la de los presos, que cumplían condena bajo un régimen de trabajo forzado. Su arquitectura era rústica, predominando el uso de chapa y madera. Las tumbas estaban marcadas con cruces, las negras identificaban a los reclusos (PORTADA).
FIGURA 1. Imagen comparativa de antigua tumba de argamasa y su reconstrucción actual. Sepulcro de Francisco Sánchez Caballero (1904). Foto: Fotografía izquierda perteneciente al Trabajo “Memoria” de Patiño y Zamora (2005).
Posteriormente, con el cierre del presidio y la llegada de la inmigración italiana, comenzaron a aparecer construcciones de cemento. Durante muchos años, la arquitectura de este cementerio no experimentó grandes variaciones, lo que se reflejó en la sencillez de sus sepulcros. Además de las tumbas de madera, se erigieron otras construidas con roca pizarra local, unidas mediante una argamasa compuesta por cal, arena y arcilla (FIGURA 1).
Este mismo sistema constructivo fue empleado en el Presidio y Cárcel de Reincidentes, así como en una residencia destinada a sus autoridades, posteriormente adquirida en 1911 por el Banco Nación y actualmente sede funcional del Museo del Fin del Mundo. Muchas de ellas han sido modificadas por distintas circunstancias.
El Antiguo Cementerio Municipal de Ushuaia no fue el primero que se estableció en Tierra del Fuego AeIAS, Argentina. Si bien los primeros habitantes de estas latitudes fueron, sin duda, los pueblos originarios, sus prácticas funerarias eran muy distintas a las europeas. Ante los distintos asentamientos de la Misión anglicana, se estableció un cementerio en Bahía Golondrina. Hacia 1896 ya se contemplaba la existencia de un cementerio municipal; sin embargo, fue recién en 1910 cuando se inauguró oficialmente el Cementerio de los Antiguos Pobladores (FIGURA 2).
En paralelo, el cementerio de Bahía Golondrina permaneció en uso hasta 1950, tras el establecimiento de la Armada Argentina en ese predio. El Cementerio Municipal de Ushuaia permaneció activo hasta la creación del actual Cementerio Municipal del Mar en 1992. En el año 2000, se prohibieron las inhumaciones en el antiguo cementerio, salvo en determinadas excepciones y en mausoleos familiares. En la década de los noventa se construyó el muro actual del cementerio, con la consigna que tenga alguna de las características de la arquitectura del lugar, esa construcción estuvo a cargo del arquitecto Leonardo Lupiano, cuya obra se preserva hasta la actualidad.
En cuanto a lo histórico y memoria colectiva, los cementerios sirven como testimonio de la historia de una comunidad o nación. Están llenos de tumbas de personajes históricos, políticos, artistas y otras figuras importantes, lo que convierte a estos espacios en una ventana al pasado. La disposición de las tumbas, los epitafios y los mausoleos reflejan las jerarquías sociales, las creencias religiosas y los valores de las sociedades que los construyeron. En este sentido, el antiguo cementerio de Ushuaia contempla varias personalidades importantes para la historia de Tierra del Fuego AeIAS, como el sencillo mausoleo del gobernador Ernesto Manuel Campos (FIGURA 3).
FIGURA 2. Vista del cementerio y del antiguo trazado urbano en las primeras décadas del siglo XX.
Las placas funerarias y los epitafios en los cementerios son elementos esenciales dentro del patrimonio cultural y simbólico de las necrópolis. Estos textos e inscripciones desempeñan diversas funciones que van más allá de la simple identificación de los difuntos: tienen una importancia artística, histórica y sociológica, ya que ofrecen información valiosa sobre las personas que vivieron en determinadas épocas. A través de estos textos, es posible reconstruir aspectos de la vida cotidiana, el estatus social, las profesiones, e incluso las tradiciones y costumbres funerarias de diferentes épocas. Una de las placas se destaca en el antiguo cementerio municipal de Ushuaia, es la que hace referencia a Luis Pedro Fique (FIGURA 4), la cual pertenece al estilo neoclásico de bronce.
FIGURA 3. Mausoleo del Gobernador Ernesto Campos. Fue gobernador de Tierra del Fuego en tres períodos entre 1958 y 1963. Su gestión dejó un legado clave en infraestructura, desarrollo social y bienestar comunitario, destacándose la llegada de YPF a Ushuaia y Malvinas.
FIGURA 4. Placa estilo Neoclásico. Luis Pedro Fique fue un pionero argentino que llegó a Ushuaia en 1884 junto a la expedición del comodoro Augusto Lasserre. Fue uno de los primeros pobladores en asentarse en la región y es reconocido por fundar el almacén de ramos generales “El primer Argentino”.
FIGURA 5. Osario de presos y de Cayetano Santos Godino, conocido criminal argentino que entre 1906 y 1912, a la edad de 16 años, asesinó a cuatro niños y cometió varios intentos de homicidio, dejando un clavo en sus víctimas como marca personal. Condenado a cadena perpetua, pasó el resto de su vida en el penal de Ushuaia.
Los cementerios también sirven como sitios educativos donde los visitantes pueden aprender sobre el simbolismo funerario, las costumbres relacionadas con la muerte y el duelo, y la evolución de las prácticas funerarias. Esto los convierte en “museos al aire libre”, donde se puede apreciar y estudiar la historia material sin las limitaciones de un espacio cerrado. Si bien el antiguo cementerio de Ushuaia carece de estilos arquitectónicos contemporáneos de su época como Art Decó, Neo Clásico, Neo Gótico, Art Nouveau, Barroco, Renacentista y otros, ni presenta simbología masónica, en él se pueden apreciar estilos artísticos en muchas placas y epitafios.
A modo de conclusión, el Cementerio de los Antiguos Pobladores de Ushuaia es un “Museo a Cielo Abierto” debido a su valor histórico, simbólico y cultural. Este cementerio es un testimonio de la historia de los primeros pobladores de Ushuaia. Las lápidas y placas del Cementerio de los Antiguos Pobladores son ejemplos de un estilo funerario que conserva los rasgos tradicionales de los colonos y descendientes, con inscripciones y símbolos que reflejan las diversas culturas que llegaron a Ushuaia y a Tierra del Fuego AeIAS.
Con respecto al valor patrimonial, los cementerios no son solo lugares de sepultura, sino espacios que concentran un patrimonio cultural y funerario significativo. Contienen tumbas, monumentos, esculturas y mausoleos que son reflejo de las creencias, costumbres y tradiciones de las sociedades que los construyeron. Estos elementos tienen un valor histórico y artístico que convierte a los cementerios en espacios de interés cultural. Esto se refleja en la sepultura de Cayetano Santos Godino, el “Petiso Orejudo” (FIGURA 5). Si bien la misma lleva el nombre de él, contiene restos de los distintos presos fallecidos en el presidio, que fueron removidos cuando se volvió a diseñar el cementerio y su entrada actual sobre avenida Maipú. Allí, muchos turistas dejan clavos a modo de ofrenda como creencia popular.
Partículas de óxidos de hierro (magnetita/maghemita) sintetizadas sobre carbón vegetal, para remover contaminantes del agua, afines a dichos compuestos de hierro. Imagen obtenida con un microscopio electrónico de transmisión (TEM, por sus siglas en inglés).
El detrás de escena de cómo se trabaja en el museo, porque conservar empieza por conocer.
FIGURA 1. Museo Acatushún de Aves y Mamíferos Marinos Australes.
Dentro de la Estancia Harberton se encuentra el museo más austral del mundo (FIGURA 1): el Museo Acatushún de Aves y Mamíferos Marinos Australes, fundado en el año 2001 por la bióloga Rae Natalie Prosser Goodall. La palabra Acatushún proviene del idioma yagan, y es el término que utilizaba este pueblo para designar la bahía donde este se encuentra hoy en día. Voluntarios de distintas provincias de Argentina, como así también de diferentes países, colaboramos en las tareas que allí se realizan. El museo cuenta con una de las colecciones óseas más importantes del mundo, que alberga esqueletos de alrededor de 2000 aves y más de 3000 mamíferos marinos.
Nuestro trabajo comienza en conjunto con el grupo de Investigaciones en Mamíferos Marinos Australes (IMMA) de CADIC con campañas de relevamiento en las costas de Tierra del Fuego en búsqueda de mamíferos marinos varados (FIGURA 2). En estas costas, estos eventos se dan con mayor frecuencia en la Bahía San Sebastián, la cual actúa como una trampa natural, resultado de sus características oceanográficas, y el Cabo San Pablo, lugar donde regularmente se reportan accidentes en redes de pesca.
FIGURA 2. Espécimen de tonina overa (Cephalorhynchus commersonii) encontrado en Cabo San Pablo, febrero 2026.
La limpieza comienza en “Casa de huesos” (FIGURA 3), donde fraccionamos las partes del cuerpo del animal, separando el cráneo del resto, ya que este necesita procesos de limpieza diferentes. Con cuchillos, bisturíes y cepillos realizamos la remoción de los tejidos blandos adheridos a las estructuras óseas manualmente. Si el animal está fresco el proceso empieza inmediatamente, mientras que, en estados de descomposición más avanzados, donde los especímenes presentan partes de tejidos blandos secos o endurecidos, se añade un paso previo de maceración en toneles con agua de lluvia, para facilitar posteriormente la extracción de los tejidos remanentes.
FIGURA 3. Casa de Huesos, Museo Acatushún
Luego se pasa al laboratorio, donde removemos las últimas partes de cartílago o grasa de los huesos (FIGURA 4). Cabe destacar que para este trabajo no utilizamos ningún tipo de químicos, ya que pueden dañar y contaminar los huesos afectando futuras investigaciones.
FIGURA 4. Voluntarios del museo llevando a cabo el proceso de limpieza de los huesos.
Para finalizar, ensamblamos los esqueletos basándonos en bibliografía y modelos de referencia. Cada ejemplar cuenta con un número de catálogo dentro de la colección FRNP (Fundación Rae Natalie Prosser). El último ejemplar agregado a la colección fue el n° FRNP 173, perteneciente a la especie delfín liso (Lissodephis peronii), (FIGURA 5). Para lograr este resultado fueron necesarios cuatro meses de un gran trabajo colaborativo de los voluntarios.
FIGURA 5. Ejemplar de delfín liso (Lissodephis peronii) ingresado a la colección por los voluntarios.
Otra actividad central del museo es la divulgación científica mediante visitas guiadas, en las que buscamos que cada visitante comprenda que detrás de cada esqueleto existe un proceso de investigación, trabajo de campo y análisis científico. El conocimiento sobre los mamíferos marinos surge gracias a la labor colectiva, sostenida y comprometida de los investigadores y voluntarios (FIGURA 6).
De esta manera, buscamos revalorizar eventos naturales, como un varamiento, transformándolos en oportunidades para generar información, producir conocimiento y fortalecer la educación ambiental. Así, quienes nos visitan no solo incorporan saberes técnicos y reconocen el valor de la ciencia en contextos locales, sino que también desarrollan una mirada más sensible: al comprender cómo respira una ballena o cómo se comunica un delfín, dejan de percibirlos como elementos distantes y los reconocen como partes de un mundo vivo que vale la pena cuidar, porque la conservación comienza con el conocimiento.
FIGURA 6. Voluntarios realizando las visitas guiadas en el museo.
FIGURA 1. Materiales y disposición inicial del experimento.
FIGURA 2. Resultado visual tras llenar el vaso con agua.
MANOS A LA OBRA: (FIGURA 1 Y 2)
Dibuja en la hoja dos flechas que apunten hacia la izquierda.
Coloca la hoja detrás del vaso vacío: vas a ver las flechas señalando a la izquierda.
Llena el vaso con agua hasta la mitad.
Mira las flechas a través del vaso con agua ¡Las flechas parecen cambiar de dirección y apuntar hacia la derecha!
¿POR QUÉ SUCEDE?
Esto ocurre por un fenómeno llamado refracción de la luz.
Cuando la luz pasa del aire al vidrio, al agua, nuevamente al vidrio y al aire, cambia de velocidad varias veces. Cada vez que cambia de medio, la luz se desvía.
El vaso con agua funciona como una lente cilíndrica convergente, es decir, una lente que tiene curvatura en una sola dirección (como un cilindro) y que hace que los rayos de luz que la atraviesan se junten o converjan en un eje. Cuando la luz pasa del aire al agua y luego vuelve a salir al aire, cambia su velocidad y dirección debido al fenómeno de la refracción.
Esto provoca que los rayos de luz se desvíen al atravesar el vaso con agua; la imagen que observamos se invierta horizontalmente, ya que los rayos provenientes de cada lado del objeto se cruzan al pasar por la lente cilíndrica.
Este efecto es el que hace que, al mirar las flechas a través del vaso, parezca que cambian de dirección, parece magia, pero es física.