¿Espionaje nazi en Tierra del Fuego?

¿Espionaje nazi en Tierra del Fuego?

EL MISTERIO DE LA RADIOSONDA ALEMANA HALLADA EN LA ZONA CENTRAL DE LA ISLA GRANDE

En octubre del 2021 se produjo el hallazgo fortuito de una radiosonda de origen alemán en la localidad de Tolhuin. Las radiosondas son instrumentos transportados por globos meteorológicos que cumplen la función de transmitir información atmosférica, como temperatura, presión y humedad, a un receptor-grabador que puede estar en tierra o en el agua (ej. barcos, submarinos). Los modelos modernos poseen localizadores GPS que permiten determinar su ubicación exacta. Sin embargo, en modelos antiguos, cuando el globo meteorológico explotaba a determinada altitud las radiosondas eran difíciles de recuperar, ya que no se podía calcular con exactitud su ubicación.

El artefacto se encontraba semienterrado y fue hallado mientras se realizaban tareas de desmonte por la empresa Forestal del Sur. La técnica forestal Hortensia Mansilla, quien halló el artefacto, se sorprendió al identificar en uno de sus componentes el grabado de un águila imperial montada sobre una cruz svástica. Este símbolo, conocido como Reichsadler, fue empleado como estandarte del Partido acionalsocialista de los Trabajadores Alemanes que gobernó el país germánico entre 1934 y 1945. A partir de la difusión de esta imagen en internet, rápidamente se publicaron artículos periodísticos en medios locales y nacionales que intentaban explicar cómo un artefacto “nazi” llegó a estas latitudes.
La radiosonda fue puesta a resguardo por agentes policiales en la Comisaría de Tolhuin y posteriormente fue entregada al personal de la Dirección General de Patrimonio y Museos y el Museo del Fin del Mundo con el fin de analizarla y describirla detalladamente.

FIGURA 1. Emblema de la Expedición Antártica Alemana.

¿UNA IDEA DESCABELLADA?
Entre los años 1938 y 1939 Alemania organizó la Tercera Expedición Antártica Alemana, con el objetivo principal de desarrollar la industria ballenera, ya que el aceite de ballena resultaba un insumo de vital importancia para la economía del país. En caso de lograr anexar parte del territorio antártico, Alemania establecería un enclave geo-estratégico y evitaría pagar impuestos balleneros a Noruega y Gran Bretaña.
La expedición estuvo comandada por el capitán Ritscher, miembro del Kriegsmarine, quien comandaba el barco Schwabenland, desde donde se lanzaron dos hidroaviones (Boreas y Passat) que tomaron fotografías aéreas y soltaron jabalinas con estandartes nazis en suelo antártico (FIGURA 1). Es muy probable hayan registrado datos ambientales, ya que la expedición contaba con la presencia de los meteorólogos Herbert Regula, Heinz Lange, Walter Krüger y Willhelm Gockel.
Considerando los antecedentes históricos, ¿es posible que el hallazgo de la sonda meteorológica esté relacionado con las actividades de exploración de la Antártida e islas sub-antárticas que fueron llevadas adelante por el ejército alemán?

¿QUÉ CARACTERÍSTICAS POSEE LA RADIOSONDA HALLADA EN TOLHUIN?
La radiosonda hallada en cercanías de Tolhuin fue diseñada como un artefacto compacto (215 mm de alto, 170 mm de largo y 100 mm de ancho) y ligero, ya que sin las baterías pesa 785 g. Consta de tres secciones, un compartimento para la batería, un radio transmisor y un sector en donde se registran y codifican datos atmosféricos.
SECCIÓN 1: Compartimento cuadrangular de poliestireno expandido (conocido popularmente como “telgopor”), en donde se emplaza una batería de 4,5 voltios aislada por una lámina plástica (FIGURA 2). Los restos de un envoltorio de cartón que cubren internamente la caja de poliestireno expandido poseen el logo “Pertrix” e inscripciones en alemán. Este hallazgo resulta interesante, ya que la empresa alemana “Varta-Pertrix”, fundada en 1887, fue proveedora del ejército germánico durante la Segunda Guerra Mundial (SGM). La batería alimentaba a la válvula que se describe a continuación, como parte del radio transmisor.

FIGURA 2. A. Lámina plástica que separaba el compartimento de las baterías. B y C. Fragmentos del compartimento rectangular de poliestireno expandido. D. Batería de 4,5 voltios. E. Envoltorio de cartón, marca “Varta-Pertrix”.

SECCIÓN 2: Radio transmisor: es una caja plástica donde se ubican bobinas con alambre de cobre, resistencias y una válvula RV 2,4 P 700, que posee sello de fabricante: “Valvo” (FIGURA 3).

FIGURA 3. Izquierda: Parte de la radiosonda que corresponde al radio transmisor. Pueden observarse: A. Caja plástica; B. Soporte metálico cilíndrico que contiene una bobina de cobre C) válvula “Valvo”; D. Transformador y E. Bobina; (derecha): En la válvula se lee parcialmente la inscripción “Wehrmacht Eigentum”. También se observa el águila imperial y la esvástica. Debajo de esta imagen están grabadas las siglas “Wa.A 745”.


Esto indica que fue elaborado por la empresa Philips Valvo Werke, que produjo válvulas para el ejército alemán (Wehrmacht) a partir de 1939, con una escala en la producción con fines militares luego de 1943. La válvula posee la inscripción Wehrmacht Eigentum, que significa “propiedad del ejército” y tiene grabada el águila imperial montada sobre la esvástica. También, el tubo posee en la parte inferior de la Reichsadler, las siglas “Wa.A 745”, que refieren a Heeres-Waffenamt, la Oficina Central de Armamento del Ejército de Alemania, la cual funcionó hasta el final de la SGM. El número “745” es posiblemente una referencia a la estación de inspección en donde se examinó la válvula (FIGURA 3). En la parte inferior de la caja plástica se encuentran grabadas palabras y abreviaturas en idioma alemán, que permiten identificar la función de esta parte del artefacto como un radio transmisor (FIGURA 4).

FIGURA 4.
Parte inferior de la caja plástica donde se ven inscripciones en alemán: “Eich.”: calibrar; “Trimmen”: equilibrar, ajustar; “Aus”: afuera; “Send”: transmitir.


SECCIÓN 3: Compartimento de registro y codificación de datos atmosféricos: esta parte del artefacto se encuentra compactada en una caja cúbica de aluminio y es la que presenta peorestado de conservación. Se observa una rueda, que se desplazaba de acuerdo a los cambios de presión barométrica y registraba este dato. También se identifica un sensor de humedad, que sobresale de la caja y carece de la “chimenea” de aluminio que lo cubría (FIGURA 5).

FIGURA 5. Arriba se observa la caja metálica que corresponde a la sección de registro y codificación de datos atmosféricos y abajo la caja plástica que corresponde al radio transmisor. A. Sensor de humedad; B. Carcasa de poliestireno expandido; C. Sensor de presión atmosférica.

¿MISTERIO DEVELADO?


Luego de identificar los diferentes elementos que componen el artefacto, continuamos la investigación mediante el relevamiento de catálogos y manuales de radiosondas en busca de un modelo que contuviera los mismos componentes. Como resultado, reconocimos una serie de modelos que podían coincidir con el tipo de radiosonda recuperada en Tolhuin, pero no pudimos determinar con certeza a cuál de ellos correspondía. Por este motivo, nos contactamos con personal del Wettermuseum (Lindenberg, Alemania), donde conservan diferentes modelos de radiosondas. Su aporte fue clave, ya que señalaron que probablemente se trataba de un artefacto fabricado a mediados del siglo XX por la empresa “Graw y Sprenger”. Para verificar esta información consultamos a la empresa fabricante y corroboramos que se trataba de una radiosonda de origenalemán, modelo Graw H50, que se comercializó a partir de 1950 (FIGURA 6).

FIGURA 6. Fotografía de la radiosonda Graw H50 (Wettermuseum, Alemania).


La empresa “Dr. Graw Messgeräte” (actualmente denominada “Graw Radiosondes”) fue fundada por el Dr. Josef Graw en 1938 y originalmente tuvo sede en Berlín. Una vez finalizada la SGM, la compañía se trasladó a Núremberg y junto con la firma “A. Sprenger” desarrollaron el modelo Graw H50, que se fabricó hasta 1965, fecha a partir de la cual fue reemplazado por el modelo M60.
Debido a que el modelo de radiosonda Graw H50 se habría comenzado a fabricar de forma inmediatamente posterior a la SGM, es probable que los componentes utilizados para su manufactura hayan sido producidos originalmente con fines militares, como lo evidencia la inscripción “Wehrmacht Eigentum” (propiedad del ejército alemán) que puede observarse en la válvula. Una vez finalizada la SGM, este tipo de válvulas y otros componentes, habrían sido reciclados para continuar fabricando radiosondas destinadas al registro de datos meteorológicos.
Los resultados obtenidos a partir del análisis de la radiosonda nos advierten de la importancia de contrastar la información difundida en medios de comunicación con fuentes históricas y técnicas verificadas. Asimismo, genera una serie de nuevas preguntas ¿quién adquirió la radiosonda? ¿desde dónde y con qué objetivos fue lanzada? La investigación continuará….

ARTÍCULO PRINCIPAL

¿Espionaje nazi en Tierra del Fuego? Autores: Lucas Turnes y colaboradores. La Lupa Nº 25, diciembre 2024, 2-7, 2796-7360.

Huellas en el agua

Huellas en el agua

Estudio de la biodiversidad fueguina a través del ADN ambiental

Antes de hablar de ADN ambiental, te vamos a contar un poco acerca del ADN o Ácido Desoxirribonucleico, ¡aunque seguro que algo te acordarás de la escuela! El ADN es una molécula compleja, que se encuentra en el núcleo de las células de los seres vivos, formando parte de éstas al igual que lo hacen las proteínas, lípidos o hidratos de carbono. La particularidad del ADN es que contiene toda la información necesaria para que las células realicen sus funciones a la perfección. Podríamos decir que el ADN es como una cadena y sus eslabones serían las bases nitrogenadas, cuatro en total: citosina (C), guanina (G), adenina (A) y timina (T), las cuales se van combinando para dar lugar a lo que se denomina secuencia del ADN. Dicha secuencia es muy parecida entre los individuos de una misma especie y diferente entre especies distintas. A partir de este hecho es que surge el término “código de barras genético”, que refiere a que un fragmento de ADN puede servir para identificar a cada especie y funciona como el código de barras de un producto del supermercado, sólo que en este caso, el código es genético (cada barra corresponde a una de las cuatro bases del ADN).

Con el tiempo, los científicos aprendieron que se puede obtener ADN a partir de pedacitos de tejido animal o vegetal. También de pelos que pueden quedar atrapados por donde el animal va pasando o a partir de las células que están en la boca, que pueden conseguirse pasando un hisopo. A estas formas de obtener muestras para ADN se las llama no invasivas, porque no dañan al animal. Ahora ni siquiera es necesario tener que encontrar a un organismo para saber si está en un ambiente. ¡Imagínense lo grandioso de poder obtener ADN a partir de una muestra de agua, suelo o incluso del aire!

Entonces podemos decir que el ADN ambiental (ADNa) es el conjunto de moléculas de ADN que se encuentran en el ambiente (como ya dijimos, en el agua, suelo o aire) y que provienen de los organismos vivos que interactúan con el entorno, liberando sus “huellas” genéticas. Esto puede ocurrir por diferentes procesos, como la descamación de células de la piel, la liberación de células reproductivas, orina o heces, entre otros (Figura 1). Algo muy interesante es que vamos a encontrar tanto rastros de organismos macroscópicos (como una estrella o una ballena en el mar), así como organismos microscópicos enteros (por ejemplo, virus y bacterias), ¡todo en una misma muestra de agua! Y algo aún más interesante es que, si analizamos las moléculas de ADN que quedaron atrapadas en sedimentos profundos, podríamos llegar a encontrar los restos de especies que habitaron en el pasado, ¡incluso especies que hoy en día están extintas!

El proceso implica varias etapas:

Analizando ese concentrado de moléculas podemos responder a nuestras preguntas: ¿qué especies forman parte de la comunidad?, ¿cambia el conjunto de especies a lo largo de las distintas estaciones del año?, ¿hay especies exóticas? Si lo último es cierto, en esos lugares, ¿desaparecen las nativas?

Como podemos observar, estas preguntas pueden hacerse en torno a una única especie o a un conjunto de éstas. En el primer caso, el análisis se llama “detección especie–específica” y se aplica cuando sólo queremos estudiar una única especie. En cambio, para el segundo caso se utiliza un término en inglés: metabarcoding o código de barras genético masivo, porque nos va a dar información de muchas especies a la vez.

El ADN ambiental también ofrece la ventaja de permitir la detección de especies que son difíciles de observar o capturar mediante métodos tradicionales como la observación directa, las cámaras trampa o las trampas convencionales. Al aplicar esta técnica en diversos puntos geográficos, podemos construir mapas de distribución de especies. Esto reduce considerablemente el esfuerzo que debemos hacer en el campo para detectar esas especies, ya que solo es necesario recolectar una muestra del entorno y analizarla.

En los últimos años, la metodología del ADN ambiental ha tomado gran relevancia mundial por su capacidad de brindar mucha información en un tiempo reducido y, como dijimos, por no ser invasiva, ya que para estudiar la diversidad de organismos no es necesario colectarlos.

Su objetivo es relevar la biodiversidad del canal a lo largo de 10 estaciones distribuidas desde Bahía Saenz Valiente hasta Isla Picton, a lo largo de 120 km aproximadamente. En este caso, monitoreamos las comunidades de mamíferos marinos, peces e invertebrados, buscando establecer una línea de base de la biodiversidad local que nos permitirá a futuro identificar cambios en las comunidades debido a modificaciones de las condiciones del ambiente, ya sean naturales (como cambios debidos a la estacionalidad) o antrópicas (como por ejemplo la contaminación).

En este caso, el proyecto se centra en el estudio de la biodiversidad bentónica de macroinvertebrados (estrellas de mar, erizos, mejillones, entre otros). Exploramos la posibilidad de detección de especies tanto en la columna de agua como en muestras del fondo marino, buscando comprender la dinámica de esta comunidad entre las zonas intermareal y submareal.

El foco está puesto en la detección de mamíferos, tanto nativos como exóticos, asociados a cuerpos de agua dulce (FIGURA 2). La intención es evaluar si, a través de esta metodología, es posible establecer patrones de distribución de estas especies. Esperamos detectar aquellas especies que desarrollan su vida prácticamente en el agua, como el castor y la rata almizclera; aquellas que se asocian muy frecuentemente al agua, como es el caso del visón; u otras que son totalmente terrestres pero se acercan eventualmente, como roedores, guanacos y zorros. En el caso del castor canadiense, se está trabajando con énfasis en la evaluación de la recolonización de las cuencas en donde han sido erradicados, buscando lograr un mecanismo de monitoreo rápido, sencillo y de bajo costo.

En este caso, buscamos a las especies “de a una”. Así, podemos estudiar la presencia de una especie invasora en un río determinado e incluso realizar un monitoreo de la invasión a lo largo del tiempo. Este método ha sido de gran utilidad para detectar especies cuya presencia no era segura, como las lampreas (Geotria macrostoma) o las peladillas (Aplochiton zebra). También se utiliza para realizar el seguimiento de la especie invasora más reciente en la isla: el salmón coho (Oncorynchus kisutch) (FIGURA 2B).

El ADN ambiental es una técnica que en la última década ha tomado mucha popularidad. En los últimos años, en Tierra del Fuego, la hemos ido incorporando como una nueva forma de estudiar la diversidad biológica y de acelerar la obtención de información acerca del estado del ecosistema. Es una herramienta que aún está en desarrollo y que esperamos pueda ser de gran utilidad al momento de tomar decisiones sobre el manejo de los recursos naturales y la mitigación del impacto ambiental generado por el hombre.

  • METABARCODING: término en inglés que hace referencia a la identificación simultánea de secuencias cortas de ADN de múltiples taxones en una misma muestra ambiental.
  • LÍNEA DE BASE: es el estudio de parámetros bióticos y abióticos que describen el ambiente en una región dada.
  • “DETECCIÓN ESPECIE-ESPECÍFICO”: refiere al caso en que el análisis tiene como objetivo la identificación de una única especie en una muestra ambiental.
  • INTERMAREAL: es la zona de la costa marina que se encuentra entre los límites de las mareas baja (bajamar) y alta (pleamar).

ARTÍCULO PRINCIPAL Huellas en el agua: estudio de la biodiversidad fueguina a través del ADN ambiental. Autora principal: Julieta Sánchez. La Lupa No 24, julio 2024, 8-13, 2796-7360.

El arte que nuestras manos rescataron

El arte que nuestras manos rescataron

¿Qué hay hoy en el tejido de una cesta Selk´nam?

Las planicies del norte de la isla de Tierra del Fuego son el territorio ancestral del pueblo selk’nam. Aunque todavía se escucha que este pueblo “está extinto”, en Argentina actualmente hay cerca de 700 personas que se identifican como selk’nam. Algunos de ellos aún hoy siguen produciendo un artefacto que continúa las tradiciones del pasado: un tipo de cesta de uso doméstico, tejido con junco endémico de la región. Este artículo, basado en dos semanas de trabajo de campo etnográfico, explora los elementos tangibles y no tangibles que componen el tejido de estas cestas, llamadas taykas (FIGURA 1). Los nombres usados son pseudónimos y el material visual es de la autora.

FIGURA 1. Cesta selk’nam ornamental hecha por “Naa Xocenkén”.

EL MATERIAL

Marsippospermum grandiflorum (FIGURA 2), conocido como taiu, es un tipo de junco endémico de las áreas biogeográficas “altoandina” y “bosques subantárticos” del sur de Chile y Argentina, que crece en ambientes fríos y húmedos. En el contexto del taller de Río Grande, fuimos a recolectar el taiu. Para desprender sus hojas sin arrancar los rizomas, hay que tener buena técnica y manos firmes. Al final, cuando los manojos del taiu recolectado ya fueron atados, las manos quedan suaves, como enceradas. El paso siguiente es pasar las hojas por el fuego para otorgarles resistencia y luego, almacenarlas hasta que llegue el tiempo de tejer la cesta.

FIGURA 2. El juncal de taiu en Aguas Blancas, cerca de Tolhuin e ilustración de los juncos (Marsippospermum grandiflorum).

El mundo relacional de la cesta selk’nam comienza con una yuxtaposición del acto de recolección del taiu (posiblemente llevada a cabo en grupo, intercambiando risas e historias) con las historias individuales y con factores ambientales como el clima y el bosque circundante. Probablemente, las cestas nacen también con una historia de almuerzos y mates compartidos, y el transitar por las serpenteantes rutas fueguinas. Entreverada en el tejido de una cesta tal vez queden la experiencia de la recolección del taiu y la sensación de cera en las manos, o sentimientos como la bronca con los castores y el amor por el bosque.


LA TÉCNICA

En el libro de la tejedora selk’nam Margarita Maldonado, la autora se refiere a la cestería como “un arte que nuestras manos rescataron”. Hace más de 35 años, guiados por una persona muy relevante en la comunidad, las manos de los actuales selk’nam se sumergieron en las aguas del tiempo para activamente reaprender la técnica. La repetición invistió a esas manos de conocimiento tradicional y el tejido de cestas las volvió a convertir en herramientas ancestrales.

Para comenzar el tejido de una cesta hay que enrollar una brizna de taiu alrededor de un dedo. Luego de enrollar, tejer, enrollar, y así sucesivamente. Eventualmente se obtendrá un espiral como el de la FIGURA 3. Los espirales se han relacionado con conceptos como “crecimiento orgánico”, “equilibrio”, y “algo producido por algún ser vivo”. El círculo como forma significativa también es representativo de comunalidad, aspectos femeninos y evocativo de concejos de ancianos. La técnica de tejido es intermediaria entre la persona que teje, el material y el artefacto. Mucha gente expresa lo personal que resulta el estilo de las cestas terminadas –si quien teje tiene experiencia, tejerá cestas prolijas y simétricas, si no la tiene, serán menos simétricas. La mayoría de las personas que han tejido cestas concuerdan en que su estado de ánimo influye en la apariencia de la cesta.

FIGURA 3. Ilustración del primer espiral tejido para la producción en clase de una cesta.

Así como la recolección del taiu tiende a ser una actividad grupal, para tejer una cesta se requiere una sola persona. Algunos tejen a la vez que realizan otras actividades: viendo televisión o compartiendo mates. Sin embargo, la gran mayoría teje en contextos sociales que a menudo también involucran la transmisión de la técnica. El principal es el taller de Río Grande, que opera desde hace treinta años, pero también en clases de historia o arte en escuelas, o en establecimientos terapéuticos.

Cesta selk’nam original en el Centro Cultural Yaganes de Río Grande, tejida en el año 2007.


EL SÍMBOLO

El uso tradicional de las cestas era en la recolección y su tejido, más bien abierto, permitía que los El uso tradicional de las cestas era en la recolección y su tejido, más bien abierto, permitía que los moluscos se escurrieran y que los hongos respiraran. Hoy, algunos miembros de la comunidad selk’nam están incursionando en formas de recuperar estas prácticas. En esencia, la cesta es un vehículo contenedor, un recipiente (FIGURA 4). La acción de tejerla, con sus repeticiones y contexto, puede considerarse un ritual, y en ese proceso las taykas van adquiriendo simultaneidad simbólica con diversas cosas:

  • terapia,
  • arte,
  • pasatiempo,
  • conexión con la naturaleza y la Tierra,
  • herencia cultural,
  • puente a los ancestros.
FIGURA 4. Ilustración de una cesta a medio tejer.

Como se dijo al hablar de la técnica, los sentimientos que la gente alberga cuando teje las cestas se transmiten a los objetos. De algún modo, la tayka se convierte en lo que la tejió, así como en un medio para que quien teje pueda definir experiencias.

Según lo mencionado por un arqueólogo de Ushuaia, la cesta selk’nam tiene ciertas propiedades totémicas, siendo un artefacto próximo al mundo natural de características emblemáticas e identificatorias. Así, para quienes no pertenecen a la comunidad selk’nam, las taykas son principalmente terapéuticas. Algunas personas, desde una postura un poco más reflexiva, las viven también como cristalizaciones de orgullo y solidaridad con el sufrimiento del pueblo selk’nam. Sin embargo, cuando los miembros del pueblo selk’nam pensaban en las cestas, solían mencionar que veían una expresión del reclamo de su identidad ancestral, un vehículo y recipiente a la vez, con relevancia social, de empoderamiento y comunicación cultural.


LA TAYKA

Es fácil encontrar cestas en los museos de Tierra del Fuego, tanto en su variante yagán como selk’nam (FIGURA 5). Algunas pocas han logrado preservarse de tiempos anteriores, cuando ambos pueblos vivían libres en la isla. Otras son de producción más reciente.

Naa Xocenkén, mujer selk’nam, reflexionaba que, aunque actualmente “tenemos un reconocimiento, […] en verdad no lo tenemos”, porque museos e instituciones han dicho que los objetos producidos por la comunidad son “réplicas”, no “originales”. Las comunidades originarias fueguinas están intentando desterrar el uso de la palabra “descendiente”, que conlleva el subtexto de que los ancestros eran los “puros” y que la “mezcla de sangres” extinguió a las culturas. La dicotomía réplica/original es una extensión analógica de ese discurso (TABLA 1).

Las asociaciones podrían continuarse de la siguiente manera:

Pueblos vivosExtintos
Selk’nam “puro” Descendiente “mestizo”
Cesta selk’nam legítimaRéplica
“original” “No original”
TABLA 1. Comparación terminológica empleada para referirse a las comunidades originarias fueguinas del pasado o del presente.

Una réplica es una copia exacta de un artefacto existente. Si recordamos lo analizado anteriormente, sabremos que replicar una de estas cestas es imposible. Por otra parte, nadie mostró interés o intención alguna de replicar una cesta, al contrario, la autenticidad de las cestas es fuente de orgullo para quienes tejen. “¿Réplica? ¿Qué réplica!? Esto es de mis manos, y yo soy selk’nam.”, palabras de la tejedora selk’nam Naa Elesken.

Así como lo es hoy, la producción de cestería selk’nam y la trasmisión de la técnica eran tradicionalmente tareas femeninas. “Se tiene que seguir tejiendo, no se tiene que perder, lo que mantiene viva la cultura es mamá, mi tía, que llevan a las escuelas y se preocupan por comunicar y enseñar”, comentario realizado por Alejandro, el hijo de Naa Xocenkén. También recalcó que es importante trabajar para que la gente entienda que los cambios experimentados por el pueblo selk’nam desde sus tiempos de cazadores-recolectores no invalidan su presencia actual. En consonancia con esto, para muchos de los entrevistados, la reflexión sobre la influencia social que tienen las taykas provoca comentarios respecto a la presencia actual del pueblo selk’nam y el conflicto que representa el reconocimiento cultural.

FIGURA 5. Ilustración de una cesta terminada, la tayka.

Según Héctor, otro miembro de la comunidad selk’nam, es más significativo pensar en las cestas como puentes desde y hacia las prácticas ancestrales que como manifestación de identidad –quien teje una tayka estará continuando con la tradición y la técnica, que son selk’nam, más allá de quién teja y dónde. De esta manera, quien teje se transforma en un canal por medio del cual el tejido perdura en el tiempo. Pero más allá de eso, para las manos selk’nam, tejer una cesta es como tejer un puente sobre un bache entre el pasado y el presente, por el que se invita a los ancestros a que se hagan presentes nuevamente.

Concluyendo, los elementos que componen las taykas incluyen al taiu, la planta endémica constituyente, la técnica ancestral recobrada y los estados de ánimo, experiencias, y necesidades de quienes tejen, así como al espíritu de un pueblo que se hace presente en la sociedad como comunidad que está siendo y tejiendo cestas.


Lecturas sugeridas:

  • Maldonado, Margarita.2021. Entre dos Mundos: Presente y pasado de los habitantes Selk’nam–Haus de Tierra del Fuego. (3ra ed.). Argentina: Latingráfica.
  • Gusinde, Martin.1989[1937]. Los Indios de Tierra del Fuego. Tomo Primero: Los Selk’nam. Buenos Aires: Centro Argentino de Etnología Americana.

GLOSARIO

TAIU: el junco Marsippospermum grandiflorum.
TAYKA: cesta selk’nam.


ARTÍCULO PRINCIPAL. El arte que nuestras manos rescataron. Autora: Guadalupe Canale. La Lupa No 24, julio 2024, 2-7, 2796-7360.

GUADALUPE CANALE. UBA-UNIVERSIDAD DE ESTOCOLMO
gcanrei@gmail.com

El viaje de los cauquenes

El viaje de los cauquenes

Grandes aventureros fueguinos

El número de aves que migran cada año es enorme, pero no todas tienen el mismo impacto en las culturas humanas que visitan. En ese sentido, la familia de los anátidos (categoría que agrupa patos, gansos, cisnes, ocas y otras aves acuáticas) tiene un lugar privilegiado. Su carácter social y su gran tamaño suelen poner a estas aves y sus rutas migratorias en el centro de jugosos relatos folclóricos y simbolismos.

En “El maravilloso viaje del pequeño Nils”, posiblemente la novela juvenil más importante de la literatura escandinava, un adoles- cente transformado contra su voluntad en un duende diminuto se ve obligado por accidente a recorrer toda Suecia montado sobre una bandada de patos silvestres. En el folclore chino la imagen de los gansos migratorios también es recurrente: se los asocia con el cambio de las estaciones, el paso del tiempo y las largas travesías que pueden separar a las personas y volver a unirlas a su regreso. Los vuelos de patos eran importantes en la antigua Roma como presagios del futuro (si la bandada volaba por la derecha del observador el pronóstico era bueno; si volaba por la izquierda, malo) en Norteamérica los patos y cisnes son personajes frecuentes en la cultura popular (el ejemplo más reciente es la película “¡Patos!”). Todas estas historias, sin embargo, refieren al hemisferio norte.

¿Acaso no existen en Sudamérica grandes anátidos migratorios?

CAU… ¿QUÉ?

Según la Administración de Parques Nacionales, al menos 36 especies de anátidos habitan en Argentina y más de la mitad realiza migraciones estacionales. Entre ellas encontramos al pato barcino, al pato maicero, al cisne coscoroba y los protagonistas de esta historia: los cauquenes colorados, comunes y reales (tres especies muy emparentadas agrupadas bajo el género Chloephaga).

Los caquenes tienen ciclos de vida similares y pueden distinguirse fácilmente por sus pluma- jes (FIGURA 1). Son aves elegantes y llamativas que pasan los veranos en la Isla Grande de Tierra del Fuego y en el extremo sur de Santa Cruz. Allí construyen nidos que tapizan con plumones de su propio cuerpo y se reproducen en parejas que mantienen por toda su vida (¡qué románticos!). A mediados del otoño se agrupan en grandes bandadas y emprenden una extraordinaria travesía de casi dos mil kilómetros a lo largo de toda la Patagonia, hasta sus sitios de invernada en los fértiles campos de Buenos Aires y La Pampa (FIGURA 2).

Si bien una migración de tal magnitud podríaequipararse fácilmente a las tan populares del hemisferio norte, eso no es lo que pasa. Las migraciones de los cauquenes son desconocidas para mucha gente. Incluso se omitió repetidamente su consideración al definir las áreas pro- tegidas nacionales, ya que no incluyen los sitios de descanso y de invernada que las tres especies requieren para su travesía anual. Estas omisiones son especialmente preocupantes si consideramos que, como vamos a comentar, hace casi cien años que las poblaciones de estos animales, antes abundantes, disminuyen continuamente.

¿QUÉ FUE DE ELLOS?

La decadencia de las grandes bandadas de cauquenes empezó en la década de 1930. En ese entonces, el número de individuos de las tres especies era unas diez veces mayor que hoy, e incluso llegaron a ser consideradas las aves acuáticas más abundantes de la Patagonia. Por este mismo motivo, su efecto en el ecosistema era mayor: reportes de la época indican que en el verano los cauquenes competían con las ovejas patagónicas y fueguinas por las pasturas, y que durante su invernada en Buenos Aires y La Pampa se alimentaban en los cultivares de trigo, afectando su rendimiento. Con estos fundamentos, en 1931 las tres especies fueron declaradas “plagas de la agricultura” por el gobierno de facto del Tte. Gral. Uriburu, quien a través de un decreto (FIGURA 3) llamó a la Dirección General de Agricultura a adoptar “las medidas que juzgue necesarias para la destrucción de ese animal”.

A partir de entonces, la acción contra los cauquenes fue feroz y eficiente. Los adultos fueron cazados de forma indiscriminada y, tanto en Tierra del Fuego como en el resto de la Patagonia Austral, se destruyeron nidos y huevos de forma masiva (incluso a cambio de recompensas). A esta persecución encarnizada, que se extendió por más de 70 años, se sumó además la introducción en la Isla Grande del zorro gris y el visón americano (dos especies exóticas que por sus hábitos predatorios contribuyeron a disminuir aún más las diezmadas poblaciones, atacando pichones y nidos).

FIGURA 1. A) El cauquén común, B) cauquén real, C) cauquén colorado, pueden distinguirse facilmente por sus plumajes. Fotos: A y B: Julián Santiago, C: dominio público.
FIGURA 2. Una bandada de cauquenes comunes cruza los cielos fueguinos rumbo a Buenos Aíres. Foto: Cristoph Moning (CC-BY).

DE PLAGAS A MONUMENTOS

Estas políticas públicas virulentas contra los cauquenes persistieron hasta finales del siglo XX, cuando comenzó a advertirse que las poblaciones de las tres especies habían alcanzado mínimos históricos, y que la de cauquén colorado, en particular, llevaba décadas por debajo de los 800 individuos. En aquel entonces, avances internacionales en materia de preservación ambiental (como la Convención de Bonn de 1979) motivaron una revisión de las decisiones que habían convertido a estas aves emblemáticas en enemigas declaradas del Estado argentino.

Tras 70 años de caza y persecución, en 1998 se tomaron las primeras decisiones positivas para su conservación: Buenos Aires le otorgó al cauquén colorado la figura de Monumento Natural Provincial (medida que Santa Cruz replicó en 2009) y su caza se prohibió por primera vez en territorio argentino. Se esperaba que las poblaciones, libres de la presión humana, volvieran a crecer rápidamente, pero tres décadas después los números siguen siendo críticos. La caza furtiva, la depredación de sus nidos por parte de zorros y visones, y la degradación de los hábitats que visitan en sus migraciones (FIGURA 4), son algunos de los factores que pueden explicar este fracaso.

FIGURA 3. El Decreto del gobierno de facto de acuerdo con el Boletín Oficial. Fuente: ww.boletinoficial.gob.ar

NOTAS DE ESPERANZA

Si bien su población todavía no se recupera, creemos que la historia de los cauquenes puede tener un final feliz. En los últimos años, muchos investigadores se dedicaron a estas especies y revelaron detalles enriquecedores sobre sus rutas migratorias, su estilo de vida, sus roles ambientales y los principales riesgos a los que están sometidos. Ahora sabemos, por ejemplo, que ayudan a la dispersión de musgos nativos, y que los parques de energía eólica pueden ser una amenaza si se interponen en sus rutas migratorias (las bandadas vuelan bajo y pueden ser atrapados por las hélices).

Parques nacionales (como el de Tierra del Fuego) y reservas provinciales también han ayudado, convirtiéndose en refugios indispensables para estos animales y proveyendo más oportunidades para investigarlos: un ciclo virtuoso que permite alcanzar mayores niveles de protección y diseñar nuevas estrategias. Entre los hitos más recientes se encuentra la primera liberación, hace solo dos años, de pichones de cauquén común incubados y criados artificialmente en Santa Cruz (FIGURA 5), una estrategia que el Programa Patagonia (iniciativa de conservación a cargo de la organización “Aves Argentinas”) espera poder extender a las otras dos especies. Este tipo de medidas, acompañadas por la comunicación apropiada y la promoción de nuevos estudios científicos, el control adecuado de la caza furtiva y la preservación y restauración de sus ambientes naturales, son algunas de nuestras herramientas para reparar el daño que hemos hecho a los cauquenes, devolviéndoles el sitio que merecen en nuestro ecosistema natural y cultural. Esperamos, con esta nota, haber dado un paso en la mejor dirección.

LECTURAS SUGERIDAS:

  • EcoRegistros (2024). Cauquén común (Chloephaga picta) — Ficha de la especie. https://www.ecoregistros.org/ficha/Chloephaga-picta
  • Rabuffeti, F. et al. (2013). Cartilla para la identificación de cauquenes de Argentina. Fundación Patagonia Natural. https:// patagonianatural.org.ar/cartillas-de-identificacion/
  • Mac Lean, D. et al. (2009). ¿Cuánto sabemos de los cauquenes? Habitantes de nuestras pampas. Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación.

ARTÍCULO PRINCIPAL El viaje de los cauquenes. Grandes aventureros fueguinos. Autores: Julián Santiago, Valentina Álvarez Praino. La Lupa No 24, julio 2024, 16-21, 2796-7360.

¿Afecta el uso del bosque a la comunidad de aves?

¿Afecta el uso del bosque a la comunidad de aves?

El caso de los bosques de ñire

Los bosques son considerados de vital importancia para la humanidad, ya que proporcionan una amplia gama de bienes y servicios ecosistémicos esenciales (ej. leña, fibra, secuestro de carbono, etc.). Uno de estos servicios es el mantenimiento de la biodiversidad, la cual contribuye al sustento de procesos ecológicos muy importantes, como, por ejemplo, la polinización, el control biológico de plagas, el saneamiento y la prevención de enfermedades, y la recuperación del ecosistema luego de ser afectado por disturbios. Sin embargo, las actividades productivas en los bosques, como la agricultura, el aprovechamiento forestal, la ganadería y la extracción de combustibles fósiles, generan cambios en la biodiversidad que podrían afectar el funcionamiento de los ecosistemas, principalmente por fragmentación y pérdida de hábitat.

En la porción argentina de la Isla Grande de Tierra del Fuego (TDF), los bosques cubren el 35% de la superficie, representando uno de los recursos genuinos más importantes de la provincia. Estos bosques están compuestos principalmente por tres especies: Nothofagus pumilio (lenga), N. antarctica (ñire) y N. betuloides (guindo). Los bosques de N. antarctica, o ñirantales, se distribuyen en alrededor de 181 mil hectáreas en TDF, ocupando principalmente la zona central de la isla, rodeados de estepas al norte y bosques de lenga al sur. El uso de los ñirantales en Patagonia Sur (Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego) data desde el siglo XIX, con el inicio de la colonización y la producción ganadera ovina, principalmente para extracción de leña y postes para alambrados, y para protección y pastoreo de los animales. Desde sus comienzos, el uso ganadero de estos bosques ha sido extensivo y poco planificado, reduciéndose la cobertura arbórea con cortas —desde suaves hasta intensas— para aumentar la producción de forraje (plantas para alimentar a los animales) bajo su dosel (FIGURA 1). Como consecuencia de estos usos y de su propia dinámica natural, los bosques de ñire de TDF poseen actualmente una gran variedad de estructuras arbóreas, niveles de regeneración, composiciones florísticas y estados de conservación. Durante los últimos 20 años ha crecido el interés en reorientar el manejo hacia estrategias forestales y silvopastoriles más sustentables. Los sistemas silvopastoriles combinan en una misma unidad de superficie árboles con pastizales pastoreados por ganado. Para estos sistemas se han propuesto pautas de manejo que incluyen cortas, como raleos, con diferentes intensidades dependiendo de las condiciones de los sitios.

Si bien las aves no contribuyen en gran medida a la productividad total de los ecosistemas (producción de biomasa), sus roles ecológicos pueden impactar de manera significativa en su funcionamiento. Aunque pueden brindar servicios ecosistémicos de “provisión” (son una fuente de proteína y sus plumas sirven para confeccionar abrigos y ornamentación), cumplen funciones muy importantes de “regulación” (como control de poblaciones de insectos plagas y de roedores transmisores de enfermedades), de “soporte” (polinizan y dispersan semillas) y “culturales” (son fuentes de inspiración para el arte, la fotografía y cultos religiosos). Además, en los últimos años se han comprobado los beneficios de la observación de aves como actividad para el esparcimiento y la recreación.

En los ambientes terrestres del archipiélago de Tierra del Fuego, las aves constituyen el grupo de vertebrados más abundante y diverso, siendo las paseriformes las más características en el mosaico de hábitats que conforman el paisaje terrestre. En nuestras latitudes, las aves podrían ser aún más relevantes debido a que ocupan muchos papeles ecológicos claves.

 Por ejemplo, se ha demostrado que varias especies intervienen en la polinización (ej. Elaenia albiceps – fiofío silbón, FIGURA 2), la dispersión de semillas (ej. de calafate por Turdus falcklandii – zorzal patagónico), o sirven de alimento a depredadores (ej. Aphrastura spinicauda – rayadito, o Troglodytes aedon – ratona).

Existe evidencia de que las actividades productivas, como el aprovechamiento forestal o el uso ganadero, generan cambios en las comunidades de aves y en especial en ciertos grupos de especies. Por ejemplo, aquellas más especializadas (como las insectívoras) o que dependen de elementos estructurales de los bosques, como las que viven exclusivamente en el sotobosque o aquellas que utilizan árboles grandes para nidificar. Debido a esto, son consideradas buenos indicadores de cambio en las condiciones ecológicas, y han sido asociadas tanto a cambios globales (como el climático) como a cambios locales (como el uso del suelo). La identificación de taxones o grupos funcionales como bioindicadores es un método práctico para cuantificar el estado de conservación de los bosques, ya que vincula la respuesta de las especies (o las comunidades) a procesos ambientales relacionados a disturbios naturales y/o antrópicos. Por lo tanto, los bioindicadores son utilizados para evaluar el estado del ambiente y cómo este cambia con el tiempo, ya sea actuando como alerta temprana a cambios en el ambiente local, para monitorear un estrés específico del ecosistema o indicar el nivel de diversidad taxonómica en el sitio.

Figura 2. Elaenia albiceps (fiofío silbón). Foto: Marcelo de Cruz.

Durante la época reproductiva (verano) de 4 años consecutivos (2017–2020), estudiamos la comunidad de aves en bosques de ñire con presencia de ganadería. Hemos observado que en bosques con aperturas del dosel (raleos), la riqueza de especies aumentó debido a la aparición de aquellas especies características de ambientes abiertos (por ej. Xolmis pyrope – diucón, que suele utilizar bordes de bosque o arbustales). Sin embargo, la densidad (individuos/ha) de aves resultó similar a la encontrada en bosques sin intervenir. Especies con hábitos más generalistas (ej. Anairetes parulus – cachudito y ratona, FIGURA 3), que se alimentan del sotobosque (ej. Zonotrichia capensis – chingolo, Phrygilus patagonicus – comesebo patagónico), y que utilizan ambientes abiertos (humedales o pastizales) para capturar su alimento (ej. Tachycineta leucopyga – golondrina patagónica), aparecieron más frecuentemente en bosques con raleos o con bajas coberturas de copas.

Figura 3. Troglodytes aedon (ratona). Foto: Jorge López Moreno.

Un hallazgo sorprendente fue la observación de dos especialistas de bosque (Pygarrhichas albogularis – picolezna y rayadito, FIGURA 4), tanto en bosques sin cortas como en bosques con raleos.

Además, mediante este estudio pudimos identificar especies indicadoras en diferentes tipos de bosque. Spinus barbatus – cabecitanegra austral estuvo asociada a bosques con raleos. Rayadito y picolezna fueron indicadoras de bosques sin cortas y más cerrados. En cuanto a los bosques sin cortas pero más abiertos, siete especies fueron identificadas como indicadoras (ej. golondrina patagónica, chingolo, ratona y zorzal). De este estudio pudimos concluir que la implementación de los raleos en estos bosques favorece a algunas especies (ej. cabecitanegra austral, chingolo, ratona), pero permite mantener la presencia de especies indicadoras de bosque sin intervención (rayadito) y sensibles a disturbios (picolezna). El monitoreo de los bioindicadores encontrados permite evaluar los cambios en estos bosques y si las comunidades de aves se mantienen en buen estado de conservación. Esto podría incorporarse como herramienta práctica habitual en los planes de manejo.

  • Raleos: Técnica silvicultural que reduce la cantidad de individuos de una masa boscosa, permitiendo el ingreso de mayor radiación a los estratos inferiores del bosque, estimulando el crecimiento de algunas plantas (ej. gramíneas) y mejorando de esta manera la oferta forrajera para el ganado.
  • Paseriformes: Orden de aves denominadas tradicionalmente como pájaros, generalmente pequeñas, que se caracterizan por poseer una gran habilidad para el canto.
  • Grupos funcionales: Grupos de especies que utilizan los recursos de manera similar y tienen efectos parecidos sobre los procesos del ecosistema.
  • Bioindicadores: Plantas o animales presentes en ecosistemas terrestres o acuáticos, cuyas poblaciones pueden ser afectadas por cambios en el hábitat. Su uso como bioindicadores se basa en la susceptibilidad de estas especies para responder a los cambios ambientales.
  • Riqueza: Número de especies que componen una comunidad.
  • Generalistas: Especies que pueden utilizar gran variedad de ambientes y/o recursos.
  • Sotobosque: Toda vegetación (hierbas, arbustos, árboles jóvenes) que crece por debajo de las copas de los árboles.

ARTÍCULO PRINCIPAL ¿Afecta el uso del bosque a la comunidad de aves? El caso de los bosques de ñire. Autora: Julieta Benitez. La Lupa No 24, julio 2024, 28-33, 2796-7360.

La toponimia de Ushuaia

Una historia en desarrollo.

Para cualquiera que llegue a Ushuaia, sería imposible no sorprenderse con su paisaje: la combinación única del mar y las montañas, el canal que une el océano Atlántico con el Pacífico, la cumbre redondeada del monte Susana al oeste y los bosques que rodean la base de la cordillera hasta llegar al pico del monte Olivia en el otro extremo de la ciudad. La formación de este paisaje es una historia larga, pero una más reciente es la de cómo cada elemento llegó a ser reconocido por el nombre que tiene actualmente.

La toponimia es el estudio del origen y significado de los nombres propios de un lugar. A partir de un topónimo, se puede interpretar qué pensaba la gente de su entorno, cómo interactuaban con éste, y qué eventos y personajes fueron destacados en su cultura. Entonces, la toponimia de un lugar es reflejo también de su comunidad. Por lo tanto, muchas veces se pueden superponer los nombres de un mismo elemento del paisaje, en función de quién lo nombró. Este choque de culturas puede resultar en la selección de un nombre por encima del otro, reflejando el poder sociopolítico del momento (ver Breve página 36). Así, entendemos que la toponimia es un fenómeno que sigue desarrollándose con cada grupo de personas que llega a conocer un entorno e interactuar con la historia dejado por el anterior.

Actualmente, Ushuaia—con referencia a la bahía y a la ciudad—es uno de los pocos topónimos originarios que queda reconocido oficialmente en Argentina. Éste, junto con Lapataia, vienen del yagán/yámana, el idioma más austral del mundo. Sigue siendo conservado por su comunidad, y también fue bien documentado por el misionero inglés Thomas Bridges, quien armó su Yámana – English Dictionary (Diccionario yámana – inglés) mientras aprendía el idioma, con más de 30.000 entradas (FIGURA 1). Así, sabemos que la terminación de Ushuaia (-wāia) significa “bahía,” tal como Lapataia. “Ushu” ha sido interpretado de muchas maneras, pero según Bridges, lo podemos entender como “bahía que penetra hacia el oeste” (FIGURA 2). De una manera similar, la terminación de Onashaga (-ašaga) indica que hablamos de un canal, en este caso del denominado canal Beagle.

FIGURA 1. Entradas en el Diccionario yámana – inglés de Thomas Bridges. Foto: Museo del Fin del Mundo.
FIGURA 2. “Ushuaia” significa “bahía que penetra hacia el oeste” en yagán. Foto: Elliote Muir.
FIGURA 3. Una vista otoñal desde el oeste de la ciudad hacia el glaciar Martial, que se ve al fondo. Foto: Alex Smilor

El nombre “Ushuaia” apareció escrito por primera vez en 1869 por la Sociedad Misionera Sudamericana en Inglaterra. En las traducciones de los misioneros se puede ver la incertidumbre en cuanto a cómo escribir el nombre en inglés de una manera que correspondiera a la pronunciación yagán: Oshovia, Ouchouaya, Usciuuaia, y Wsohaia, entre otros, fueron alternativas a la forma finalmente utilizada. En este ejemplo vemos cómo la toponimia está influenciada por la interpretación de quienes tienen el privilegio y poder para crear las fuentes escritas que usamos.

Desde el diccionario de Bridges hasta un mapa reciente creado por Victor Vargas para su libro Mi Sangre Yagán, entendemos que la toponimia yagán se basa principalmente en topónimos que corresponden a cuerpos de agua (hidrónimos). Esto refleja la particularidad del pueblo y su relación con el agua como medio de vida. Mientras los más de setenta hidrónimos yaganes en el mapa de Vargas ilustran la profundidad de la relación que tenían con los recursos y las características del Onashaga, no existen tantos topónimos para las montañas que existen a su lado. Como no tenían tanto valor cultural, la sola palabra “tulara” fue suficiente para hacer referencia general a las montañas.

Con la llegada de los exploradores y misioneros europeos, la toponimia de Ushuaia se complicó, reflejando la mezcla de culturas e ideologías que constituyeron el lugar. Los europeos pusieron nombres con referencia a sus culturas y religiones y, en muchos casos, a ellos mismos y los viajes que habían realizado para llegar a este lugar tan lejano. En 1830, el capitán Robert Fitz Roy puso el nombre “Beagle” al Onashaga por la embarcación que comandaba cuando encontró el canal.
Las montañas icónicas del paisaje recibieron nombres de exploradores, misioneros y gobernadores argentinos (FIGURA 3). En este caso, como la cultura yagán no se identificaba tanto con las montañas, había menos superposición de topónimos. Pero en otros casos, hemos perdido el conocimiento de nombres que nos cuenten de la historia, cultura, e idioma de los pueblos originarios de Ushuaia.

Ciento cincuenta años después del inicio de esta mezcla de culturas, la toponimia de Ushuaia sigue cambiando para reflejar el espíritu del tiempo y los valores de su comunidad actual. Por ejemplo, un mapa de 1897 hace referencia al Ventisquero de la Misión, que ahora se conoce como glaciar Martial (FIGURA 4). En 2008, el Parque Nacional Tierra del Fuego reconoció oficialmente el nombre yagán Acigami para el lago que había llevado el nombre de Roca (por el general Julio A. Roca); sin embargo, en junio de 2024 fue cambiado nuevamente a lago Roca. Casi 200 años después de que Fitz Roy puso el nombre Beagle al canal, varios artículos científicos ahora refieren a su sitio de estudio como el Onashaga para respetar y emplear el nombre originario. Existen esfuerzos importantes para reconocer oficialmente a los topónimos yaganes, pero el proceso suele ser largo y burocrático. Todos estos cambios contribuyen al desarrollo constante de la toponimia, la cual depende tanto de los coloquialismos y las historias contadas de boca en boca, como de los decretos gubernamentales. Entendemos que la toponimia es y siempre ha sido un acto político, donde los nombres son un reflejo y un instrumento del poder. Las decisiones que tomamos en cuanto a esto muestran la interpretación que tenemos de nuestra realidad sociopolítica y son una manera de contribuir al entendimiento compartido que tenemos de nuestro paisaje y la historia de la gente que vivió y sigue viviendo allí.

LA TOPONIMIA POLÉMICA
¿Sabías qué el cerro Cinco Hermanos antes se conocía como el cerro Siete Hermanos, aunque solo tiene cinco picos? Ahora que se conoce como Cinco Hermanos, la leyenda dice que los otros dos picos se cayeron en algún momento en los últimos 150 años. ¡Seguro que lo habríamos notado! Más allá de esto, la explicación sobre los Cinco Hermanos que hace referencia a los hijos de Thomas Bridges tampoco puede ser correcta, ¡ya que él tenía seis! (FIGURA 5).

¡Hay varias explicaciones comunes de por qué el monte Olivia se llama así! Una nos dice que fue nombrado por la mujer de un gobernador de las Malvinas. Otra nos cuenta que “Olivia” viene
de la palabra yagán “Olivaia,” la terminación de “aia” haciendo referencia a la bahía en la base de
la montaña. Finalmente, la más aceptada es que “Olivia” es la palabra yagán para “punta de arpón,” lo cual hace referencia a su forma (FIGURA 5).

FIGURA 4. En un mapa de 1897, podemos ver que el glaciar Martial se conocía como el Ventisquero de la Misión y el cerro Cinco Hermanos fue conocido como Siete Hermanos. Foto: Museo del Fin del Mundo
FIGURA 5. El monte Olivia (izquierda) y el cerro Cinco Hermanos (derecha) son dos de los elementos más notables del paisaje de Ushuaia. Foto: Alex Smilor.
FIGURA 6. El monte Susana (izquierda) queda al oeste de la ciudad de Ushuaia, pero el origen de su nombre sigue siendo un misterio. Foto: Alex Smilor.

¿Por qué se llama monte Susana?

Preguntamos a la comunidad lupera…

(FIGURA 6)

Se dice que el monte Susana fue nombrado por
la esposa de un gobernador de la ciudad, pero El
Romancero del Topónimo Fueguino nos informa
que ninguna se llamaba así. Entonces, ¿cuáles
otras explicaciones hay? La comunidad lupera
nos dió varias:
“Cuando llegué a Ushuaia una guía me contó que
Susana era la novia de Pipo, un preso que murió
ahogado en el río (que ahora lleva su nombre)
tratando de escapar, que fue nombrado así para
que siempre estén juntos.” – @irinatozzolailustra
“Tengo entendido que Susana fue una mujer
hermosa que vivía en Ushuaia, que era la aman-
te de varios marineros que llegaban al puerto y
como su casa quedaba en dirección del monte y
retirada del puerto, se tomó como referencia su
nombre para decir que era lejos: “cerca de lo de
Susana,” “por donde está la Susana” y señalaban
hacia la montaña. Y desde allí le quedó el nombre
al monte.” – @anacarolina.gutierrez M

LECTURA SUGERIDA
  • Ushuaia 1884-1984: cien años de una ciudad Argentina. Canclini, A. (Ed.). (1984).
  • Mi Sangre Yagán. Vargas Filgueira, V. (2021)(Edición Chilena).
  • Toponimia del extremo oriental de la isla grande de Tierra del Fuego: un relato de su historia a través de sus nombres. Torres
    Carbonell, P.J. (2024).

ELLIOTE MUIR

MIDDLEBURY COLLEGE | SIT USHUAIA
emuir@middlebury.edu