Creemos que la sociedad debe apropiarse de la ciencia y exigir un Estado comprometido con el desarrollo de la ciencia básica y aplicada. Entendemos que el vínculo entre la sociedad y la ciencia debe ser más cercano y sólido, especialmente en un mundo que cada vez depende más de la ciencia y la tecnología. Sabemos que el crecimiento económico sólo es posible con el apoyo del conocimiento, atento a las necesidades y problemáticas locales y regionales, y en armonía con el cuidado del medio ambiente. En este sentido, nos resulta alarmante el desfinanciamiento que enfrenta la educación, la salud y la ciencia en Argentina, pilares fundamentales para el bienestar y el crecimiento de nuestro pueblo. Sin embargo, nos llena de optimismo y alegría el entusiasmo de los niños y adolescentes que participaron en la Semana Fueguina de la Ciencia y la Tecnología. Así como también, la creación del nuevo espacio de divulgación científica vía streaming, “Ciencia en Fuego”, que responde a la necesidad de diversificar y ampliar los modos de comunicar. En este número 27 de La Lupa, nuevamente acercamos a nuestros lectores la ciencia producida en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur. Como siempre, en las siguientes páginas encontrarán una amplia diversidad de temas. Podrán aprender sobre la cosmogonía selk’nam y cómo el colonialismo ha intentado borrarla; también sobre qué son los eventos de marea roja que ocurren en el canal Beagle; y que la falta de planificación urbana pone en peligro los ecosistemas que protegen Ushuaia. También encontrarán información sobre la expedición al Talud IV a bordo del R/V Falkor (too), sobre el tiburón pintarroja, sobre cómo se estudian los sonidos emitidos por los mamíferos marinos, y mucho más. La Lupa busca llevar la ciencia fueguina a las aulas y hogares, y a cualquier persona curiosa que tenga esta revista en sus manos. Nos sentimos muy felices de presentar un nuevo número, con la esperanza de fortalecer el vínculo con la sociedad y acercar la ciencia a la vida cotidiana, porque sabemos que la ciencia es cultura.
Peces de la familia Zoarcidae presentes en el canal Beagle
Argentinolycus elongatus: de cuerpo muy alargado, coloración pardo-oscura y sin aletas pélvicas. Habita principalmente en aguas intermareales y submareales del canal Beagle. De tamaño pequeño, llega a medir hasta 14 cm.Austrolycus depressiceps: caracterizado por la cabeza deprimida y ancha, y el cuerpo menos alargado que A. elongatus. Coloración gris/azulada. Vive en zonas costeras, incluso en ambientes intermareales rocosos. Su tamaño puede variar desde pocos centímetros hasta los 50 cm.
Técnica utilizada: tramado y puntillismo (aplicada en los patrones característicos).
Archivos y memorias de la geografía ancestral desde Karukinka
PORTADA: El puente como capa de olvido. Archivo del Museo Municipal Virginia Choquintel (Río Grande, Tierra del Fuego).
Los bosques, lagos y montañas de Karukinka —nombre que los selk’nam dan a Tierra del Fuego— son jowen, es decir, seres antiguos que habitan la isla desde los orígenes del mundo. En la cosmología selk’nam, los jowen son cerros, ríos, vientos o estrellas que alguna vez fueron personas o espíritus y permanecen en la tierra, como cuerpos vivos del paisaje, o en el cielo, como cuerpos celestes.
A lo largo de los siglos, esos territorios antiguos fueron reemplazados por mapas coloniales y nacionales. Tras la invasión y el genocidio, el colonialismo borró nombres, rituales e historias. Así, el mundo mágico de los ancestros se volvió invisible, aunque nunca desapareció. Hoy, cada vez más integrantes de la comunidad indígena retornan a estos paisajes sagrados como guardianes de la memoria de la tierra, porque las piedras, cerros y ríos cuentan la historia de su pueblo.
“Nombrar un río o una montaña es decidir qué memorias permanecen y cuáles se borran. Volver a nombrar como los antiguos y devolver la historia a los paisajes ancestrales es reponer la memoria arrebatada y afirmar el derecho a imaginar y habitar los territorios en clave propia”
DESIERTO, MAPAS Y NOMBRES
Hacia fines del siglo XIX, los territorios selk’nam fueron apropiados por unos pocos empresarios capitalizados, cercados con alambrados y convertidos en propiedad privada. La ganadería ovina intensiva se expandió para afirmar la soberanía de los Estados nacionales y abastecer los mercados internacionales. Así, se consolidó un colonialismo de asentamiento de colonos —devenidos pioneros— que procuró eliminar y sustituir a la población indígena.
Este proceso implicó desplazamientos forzados, matanzas, reclutamiento en campos de concentración, robo de niños y enfermedades importadas que provocaron un colapso demográfico. Los sobrevivientes fueron evangelizados, empleados como mano de obra e incorporados a la ciudadanía; donde su identidad fue negada durante décadas. Sin embargo, a pesar de todo esto, nunca abandonaron sus territorios. En 2021, a partir del reclamo de la Comunidad Indígena Rafaela Ishton, el Estado Provincial reconoció oficialmente estos hechos como un genocidio.
Una de las huellas más persistentes del colonialismo es la violencia ejercida sobre y a través del espacio. No solo se trata de apropiaciones materiales, sino también de desigualdades en las formas de imaginar y habitar los territorios. Al renombrar los paisajes, los colonos y el Estado crearon una nueva geografía de la memoria. Allí donde había montañas sagradas y parientes transformados en agua y piedra, los nuevos propietarios vieron recursos, pasturas o madera. Así, imaginaron su propia historia asociada al sacrificio pionero y al progreso, mientras borraban los paisajes indígenas.
Nombrar no es un acto neutral, es ejercer poder. Quien nombra un río o una montaña decide qué memorias se inscriben en ellos y cuáles quedan silenciadas. Por eso, volver a nombrar es una forma de recomponer los lazos con los territorios y los seres que los habitan. Estos seres, que evocaban guerras e historias del tiempo de los jowen —el tiempo del matriarcado, cuando no existía la muerte y se originó todo lo viviente— fueron rebautizados con nombres de militares y gobernadores. Así, muchos ríos y lagos recibieron nombres de santos o denominaciones arbitrarias en castellano o inglés. En otros casos, conservaron sus nombres, pero sus historias fueron olvidadas.
Pese a los silencios impuestos, la tierra conserva la memoria de sus antiguos dueños. Aunque varias generaciones indígenas crecieron sin conocer los nombres ancestrales, esas presencias que parecían ausentes insisten en el presente. Entonces, pequeños gestos, como hacer talleres de lengua, recorrer los territorios antiguos o investigar los archivos, tienen el potencial de descolonizar la imaginación y de abrir otros modos de habitar y comprender el territorio.
AITH Y EL PUENTE JOSÉ MENÉNDEZ
Hace unos meses, Alesis González y Antonela Guevara, integrantes de la comunidad selk’nam, propusieron organizar una serie de encuentros para recomponer la historia del territorio comunitario, en vísperas del centenario de su recuperación, celebrado el 29 de julio de 2025. La propuesta retomaba un camino de trabajo conjunto iniciado hace más de una década con referentes como Miguel Pantoja, intelectual selk’nam dedicado al estudio de los archivos para recuperar la historia arrebatada y denunciar el genocidio de su pueblo.
El primer taller fue una experiencia de memoria y afecto, un espacio para compartir archivos, saberes y recuerdos. El encuentro activó memorias colectivas y reafirmó el compromiso de seguir reconstruyendo la historia junto a la comunidad. Entonces, decidimos continuar encontrándonos y volver, en cada ocasión, a la historia de un lugar distinto.
Así, una tarde de agosto emprendimos un viaje a los tiempos de los jowen para conocer la historia de un pequeño cerro ubicado a orillas del río Jorr —antiguo nombre selk’nam del actual río Grande. Para los antepasados de mis interlocutores, este cerrito era un jowen, un ancestro que al morir se transformó y permanece allí, vivo pero inmóvil. Rebautizado por los colonos como Cerro Águila, parece ser en realidad Aith, de acuerdo con los registros del misionero salesiano José María Beauvoir.
Con el avance colonial, este cerro fue progresivamente invisibilizado, junto con su historia. En su superficie se inscribieron nuevas marcas: una cruz, un santuario a la Difunta Correa y, frente a él, un puente de hierro bautizado con el nombre de José Menéndez (PORTADA), pionero latifundista y principal responsable del genocidio indígena. La obra, símbolo del progreso ganadero, cubrió la memoria del cerro con una nueva capa: la del colonialismo celebrado en la infraestructura urbana. Este puente, forjado en hierro, parecía destinado a perdurar para siempre. Sin embargo, se derrumbó en 2011 (FIGURA 1). Hoy solo persisten los restos oxidados como un recordatorio de la violencia estatal y estanciera.
FIGURA 1. Los lugareños lo llaman “Puente Colgante” o “Puente Viejo”, pero la tierra recuerda y es más persistente que el hierro. Foto: Facundo Viñabal.
En un primer momento pensamos que Aith —el cerro cuya historia fue borrada— podía ser Chaskels, el gigante antropófago del que hablan los antiguos relatos, pero seguimos revisando fuentes y contactamos a Pablo Torres Carbonell. Él recordó un pasaje de un libro de Nelly Penazzo —una médica que en la década de 1990 compiló los archivos del genocidio selk’nam— donde identificaba a Chaskels como el cerro Tchat-chii. Recomponer historias es también seguir pistas y huellas.
Los paisajes y nombres antiguos condensan genealogías y vínculos espirituales, además de ser excelentes descriptores geográficos. Tal es el caso de Tchat-chii (FIGURA 2). Según los testimonios de Keitetowh, Halimink y Parren —recogidos por Martin Gusinde entre 1918 y 1924—, Chaskels era un gigante que, en los tiempos de los jowen, caminaba sobre la tierra y se alimentaba de seres humanos. Como atemorizaba a hombres, mujeres y niños, el poderoso Kwanyp lo enfrentó y lo ultimó junto al río. Luego, su cuerpo quedó tendido boca abajo, se transformó en roca y cambió su nombre. Visto desde lejos, Tchat-chii parece un gigante recostado. Desde el aire, puede distinguirse la forma de su columna vertebral dormida.
UN HORIZONTE DE JUSTICIA
Recuperar la geografía ancestral es un acto de justicia. Estos procesos pueden conducir a políticas como la cartelería bilingüe, la creación de áreas protegidas con gestión indígena o el reconocimiento jurídico de montañas y ríos como seres vivos. Pero el simple hecho de recuperar la historia ancestral de un cerro ya es una gran victoria. El gesto es frágil pero transformador, porque la tierra recupera la voz y la memoria insiste en volver.
Ese es también el horizonte del trabajo que emprendimos junto a integrantes de la comunidad selk’nam. Nos propusimos construir una contra-cartografía que restituya los nombres y relatos borrados, y que permita pensar otros modos de representar y habitar el territorio. No se trata solo de corregir los mapas coloniales, sino de volver a dibujar la isla desde las memorias, los afectos y las relaciones que la sostienen. En este camino, cada punto, cada camino y cada nombre recuperado es una forma de justicia territorial, una manera de hacer visible la persistencia de los jowen y de quienes caminan junto a ellos.
FIGURA 2. Chaskels, el gigante antropófago que se transformó en Tchat-chii. Foto. Pablo Torres Carbonell.
El puente de hierro cayó y sus restos se oxidan junto al silencio de los herederos del latifundio. En cambio, los cerros siguen en pie. Allí donde el colonialismo intentó imponer nombres, vuelven a escucharse las memorias ancestrales. Recuperar un paisaje no es solo recordar, es volver a escuchar a la tierra y reconocer que la justicia también se escribe en montañas, ríos y senderos. Mientras los símbolos del progreso se convierten en ruinas, la geografía ancestral permanece y espera ser nombrada, invocada en el recuerdo y habitada.
GLOSARIO
KWANYP: Según Martin Gusinde, Kwanyp fue un jowen que, al morir, se elevó al firmamento y se convirtió en la enorme estrella roja Betelgeuse. Hoy sigue allí con sus mujeres y conforman juntos la constelación deOrión.
La filatelia es por definición el hobby o actividad que consiste en coleccionar y clasificar sellos, sobres y otros documentos postales, así como estudiar la historia postal. En los sellos está representada la historia de un país o de una región a través de imágenes de sus héroes nacionales y personalidades destacadas en general. En este sentido, podríamos denominar “filatelia fueguina” al coleccionismo y estudio de sellos postales relacionados con la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, así como eventos y lugares de interés de la región que son representados en ellos.
En Ushuaia el CEFINUSH (Centro Filatélico y Numismático de Ushuaia), presidido por Hugo Dalmas, se reunía hasta hace unos años en el Museo del Fin del Mundo. En Río Grande, contamos con la Asociación de Filatelia y Numismática cuyo titular, Miguel Casielles, ha sido elegido presidente de la Federación de Entidades Filatélicas de la República Argentina.
Revisando un poco la historia filatélica argentina, la primera estampilla que hace referencia a Tierra del Fuego fue emitida en el año 1959 con la leyenda Tierra del Fuego- Riqueza Austral dentro de la Serie “Próceres y riqueza II”. Esta serie se refiere a una colección de sellos que representa figuras históricas (próceres) y riquezas naturales del país, la cual se emitió entre 1954 y 1957 y una segunda parte entre 1959 y 1964. Dicha estampilla, de color marrón (FIGURA 1), tenía un valor de 5 pesos de la época (peso moneda nacional M$N, circulante entre 1881 y 1969).
FIGURA 1. Primera referencia de Tierra del Fuego en la filatelia argentina.FIGURA 2. Estampilla de Popper del año 1891.
Con este artículo, buscamos rescatar los aspectos de la provincia destacados en la filatelia sin centrarnos en cuestiones filatélicas como tipo de impresión, papel, etc. Un ejemplo de esto es la edición privada de una estampilla por parte del famoso rumano buscador de oro en Tierra del Fuego, Julio Popper, quien utilizó dicho sello para su comunicación particular (FIGURA 2), una historia que merecería su propia narración. La estampilla se emitió probablemente en 1891, pues se conocen matasellos (el sello del correo sobre la carta) fechados entre abril y agosto de ese año; tenía un valor de 10 centavos oro y está ilustrada con la imagen de un martillo y un pico cruzados, sobre los cuales aparece un sol con la letra P y una banda con las palabras TIERRA DEL FUEGO.
La última estampilla de la región a julio de 2025 es un bloque de emisión postal Antártida Argentina del 27 de febrero con 4 estampillas conmemorativas de valor $ 3000 cada una. Dicho bloque (FIGURA 3) hace referencia en sus imágenes a:
Rompehielos A.R.A. Almirante Irízar, clave en nuestras misiones antárticas.
Helicóptero Sea King, surcando los cielos.
Pingüinos Emperador, parte de la fauna autóctona.
Base Marambio, punto estratégico de nuestra presencia en la zona.
FIGURA 3. Bloque filatélico antártico emitido en febrero de 2025.
Muestreo palinológico en el litoral atlántico de Tierra del Fuego
Los estudios palinológicos, que consisten en el análisis de polen, esporas y otros restos orgánicos, constituyen una herramienta eficiente para explorar la variabilidad de las condiciones ambientales y climáticas del Cuaternario tardío (últimos 129.000 años). El análisis de polen y esporas fósiles permite reconstruir las comunidades vegetales que habitaron una región, ofreciendo claves ecológicas para entender cómo respondieron a las transformaciones del entorno a lo largo del tiempo y a distintas escalas espaciales.
FIGURA 1. Contexto regional y área de estudio.FIGURA 2. Vista panorámica del sector del Arroyo Gamma.
De forma similar, el estudio del paleomicroplancton de pared orgánica, como los quistes de dinoflagelados y otras algas, aporta evidencias cruciales para evaluar cambios paleoambientales y paleoclimáticos en cuerpos de agua marinos y continentales, tanto regionales como locales.
Con este objetivo se llevaron a cabo varias salidas de campo en diferentes sectores de Tierra del Fuego, particularmente en la zona centro-norte del litoral atlántico. Previamente, los sitios potenciales de muestreo fueron seleccionados en gabinete, mediante el análisis e interpretación de imágenes satelitales y mapas topográficos.
La campaña más reciente fue llevada a cabo a fines del 2023, a unos pocos kilómetros al sur de la Bahía San Sebastián, en el área del Arroyo Gamma. Durante dos días se trabajó en ese sector, donde se identificó un perfil sedimentario expuesto en un corte erosivo del arroyo, denominado AG. Estos tipos de afloramientos actúan como registros del paisaje pasado: sus capas sucesivas preservan señales de los ambientes que les dieron origen. En el sitio de muestreo, se tomaron coordenadas con GPS y se realizó la descripción del perfil sedimentario AG mediante inspección visual, considerando atributos como textura, estructura, composición y color del depósito.
FIGURA 3. Perfil sedimentario AG.
FIGURA 4. Parte superior del perfil sedimentario AG.
El muestreo palinológico se llevó a cabo con muestreadores metálicos en forma de corchete (“[“). Para la extracción se necesitó de la ayuda de cucharas de albañil, obteniéndose finalmente cuatro tramos sucesivos de sedimentos, los cuales fueron cubiertos con film para evitar su contaminación. Posteriormente, en el laboratorio se submuestrearon cuidadosamente cada 2 cm con ayuda de una cinta métrica.
Cada una de estas pequeñas porciones de sedimento (muestras) puede contener distintos palinomorfos, como granos de polen, esporas, algas y otros restos microscópicos, que bajo el microscopio revelan cómo eran los ambientes hace miles de años y cómo estos fueron transformándose. Pero antes de llegar al laboratorio, cada muestra requiere horas de trabajo en el campo: exige observación detallada, planificación, paciencia, criterio técnico y capacidad de adaptación.
Más allá de su valor científico, esta disciplina permite experimentar estos paisajes remotos con otros ojos, interpretar sus formas y así reconstruir, a partir de huellas diminutas, las complejas historias naturales que permanecen ocultas bajo la superficie.
En el extremo sur de Sudamérica se abre el canal Beagle, un paisaje subantártico que parece intacto frente a los grandes problemas ambientales del planeta. Sin embargo, bajo su superficie se esconde frecuentemente una amenaza invisible que acompaña a la región desde hace más de un siglo: las floraciones algales nocivas, conocidas como mareas rojas.
A diferencia de lo que sugiere su nombre, no siempre tiñen el agua de rojo. Pero sus consecuencias sí son visibles: ecosistemas alterados, pérdidas económicas y, sobre todo, un serio riesgo para la salud humana.
FIGURA 1. Alexandrium catenella, observado al microscopio.
LOS DIMINUTOS CULPABLES
Las protagonistas de estos eventos son microalgas, es decir, algas microscópicas, especialmente dinoflagelados del género Alexandrium (FIGURA 1). Cuando encuentran la combinación justa de agua templada, luz y nutrientes, se multiplican velozmente y producen toxinas paralizantes de moluscos (TPM).
Los moluscos filtradores, como mejillones y cholgas, almacenan estas toxinas en sus tejidos sin ser afectados. Pero quienes los consumen corren un riesgo grave: las TPM afectan el sistema nervioso y pueden provocar desde mareos y vómitos hasta parálisis respiratoria.
FIGURA 2. Veda por marea roja en Tierra del Fuego. Foto: Irene Schloss.
UN PROBLEMA HISTÓRICO Y GLOBAL
La primera marea roja registrada en el canal Beagle data de 1886. Desde entonces, estos eventos se repiten con impacto en la economía, la biodiversidad y la vida local. No se trata de un fenómeno exclusivo: a nivel mundial, las mareas rojas provocan pérdidas estimadas en 8.000 millones de dólares anuales, principalmente por cierres de áreas de recolección de mariscos (vedas) y mortandades masivas de peces que en un ecosistema tan frágil como el subantártico, pueden tener repercusiones todavía más profundas.
DETECTANDO LAS TOXINAS
Durante décadas, la herramienta principal para detectar TPM en moluscos fue el bioensayo ratón. Este método consiste en inyectar a ratones de laboratorio un extracto preparado a partir del tejido de los moluscos recolectados. Luego, se observa cuánto tiempo tarda el animal en presentar síntomas; ese tiempo se traduce en un valor que indica cuánta toxina había en el molusco. Aunque hoy existen métodos más modernos, el bioensayo ratón permitió fijar límites regulatorios: una partida de moluscos se considera segura si no supera 80 µg de TPM por 100 g de tejido.
FIGURA 3. Mapa del área de estudio y sitios de muestreo en el canal Beagle.
DOCE AÑOS DE VIGILANCIA
Desde 1985, la Secretaría de Pesca y Acuicultura de Tierra del Fuego realiza un monitoreo sistemático de toxinas. Semanalmente se recolectan muestras en diferentes puntos del canal Beagle (FIGURA 3). Cuando estas floraciones ocurren, las autoridades deben vedar la cosecha de moluscos, lo que protege la salud pública pero afecta la economía local.
El análisis de registros entre 2005 y 2017 reveló patrones claros:
La intensidad varía de un año a otro, siendo más frecuente en verano y otoño. Los cultivos de moluscos presentan mayores niveles de toxinas que los bancos naturales. El proceso de detoxificación es extremadamente lento: los moluscos eliminan solo un 3,5% de toxina por día.
FIGURA 4. Niveles de toxinas paralizantes de moluscos (TPM) en tejidos de aves/zorros muertos hallados en la costa, así como en sardinas vivas, mejillones y muestras de microalgas recogidas durante la floración de 2022. Fotos de aves y zorro: Antonela Albizzi.
EL VERANO TÓXICO DE 2022
El año 2022 resultó extraordinario por una floración masiva de Alexandrium catenella que alcanzó densidades récord. Los mejillones acumularon niveles extremos de toxinas que se propagaron por toda la red trófica. Aves marinas (pingüinos, gaviotas), peces (sardina fueguina) e incluso mamíferos terrestres como el zorro colorado resultaron intoxicados al alimentarse de organismos contaminados (FIGURAS 4 Y 5).
FIGURA 5. Exposición y posibles vías de transferencia de toxinas paralizantes de moluscos (TPM) a través de los diferentes grupos de organismos analizados durante la floración de 2022. Fotos de aves y zorro: Antonela Albizzi; foto de falsa orca: Luciana Riccialdelli.
LAS CLAVES DE ESTAS FLORACIONES
Nuestro estudio reveló factores ambientales clave para que ocurran estos eventos:
Temperatura: el riesgo aumenta cuando el agua supera los 8°C.
Luz solar: favorece la multiplicación algal.
Nutrientes: especialmente nitratos que actúan como fertilizantes.
DETECTIVES DE MAREAS ROJAS
Además del bioensayo ratón, se aplican técnicas modernas como microscopía, HPLC (cromatografía líquida) y análisis molecular. Gracias a esto se han detectado especies potencialmente tóxicas nunca antes registradas en el canal, como Karenia brevis.
UN FUTURO DESAFIANTE
Las mareas rojas parecen volverse más frecuentes e intensas debido a la actividad humana (exceso de nutrientes), el tráfico marítimo (agua de lastre) y el cambio climático. El evento de 2022 fue una advertencia de que estas toxinas pueden propagarse por todo el ecosistema, conectando el mar con la tierra firme.
LECTURA SUGERIDA
Sota (2025). Especialistas del CONICET analizan el canal Beagle para el primer cultivo de mejillones a escala industrial.
Cadaillon A, Eriksson N, López E. Entrevista Marea Roja. HECHO ACÁ. Ciclo audiovisual de divulgación científica, Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología, Secretaría de Ciencia y Tecnología.
GLOSARIO
FLORACIÓN ALGAL: Crecimiento acelerado de microalgas que puede producir toxinas. DINOFLAGELADOS: Microalgas que se mueven mediante dos flagelos. HPLC: Técnica de laboratorio para separar y medir compuestos químicos. MITILICULTURA: Acuicultura dedicada a los mejillones. RED TRÓFICA: Interacciones entre presas y depredadores en un ecosistema. VECTORES: Organismos que trasladan toxinas a lo largo de la red trófica.
Desde el año 2023, la Sociedad Argentina para el Estudio de los Mamíferos (SAREM) otorga el premio “Graciela Navone” cuyo objetivo es promover, incentivar y reconocer a jóvenes mastozoólogas. La distinción honra la trayectoria científica de la Dra. Graciela Navone, quien se desempeña como profesora titular contratada en la cátedra Parasitología General de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata (FCNYM, UNLP), donde también cursó sus estudios universitarios. Su Tesis Doctoral, “Estudios parasitológicos en edentados argentinos” fue desarrollada en el Centro de Estudios Parasitológicos y de Vectores (CEPAVE), manteniendo un vínculo con este centro desde su creación en 1979.
La Dra. Graciela Navone en Ushuaia durante el dictado de su curso de postgrado en 2018.
Entre los múltiples enfoques desde los cuales desarrolló sus actividades, la Dra. Navone dirigió una línea de trabajo con fuerte impacto social: “Biodiversidad y Epidemiología Parasitaria en Animales Silvestres y el Hombre”, en la que ha abordado problemáticas asociadas a la sanidad y salud de las poblaciones humanas a nivel local y nacional. Estas investigaciones estuvieron vinculadas al estudio de la biodiversidad y ecología parasitaria de animales silvestres en diferentes ambientes y al diagnóstico de las parasitosis y los factores socioambientales asociados a su distribución en poblaciones urbanas, periurbanas y rurales.
Ha dirigido proyectos de extensión relacionados con las parasitosis en poblaciones infantojuveniles en diversas áreas del país con una visión de fuerte compromiso social. Ha llevado adelante una importante labor interdisciplinaria con botánicos, antropólogos sociales y biológicos que enriquecieron sustancialmente su mirada y le permitieron desarrollar sus investigaciones en el marco del enfoque “Una salud”, integrando la salud humana, animal y ambiental.
A lo largo de su carrera científica, la Dra. Navone ha publicado un gran número de trabajos científicos y ha realizado innumerables aportes a través de la presentación de trabajos en congresos nacionales e internacionales. Se destaca en su trayectoria una extensa actividad en la formación de recursos humanos y el dictado de cursos y capacitaciones en todo el territorio. Ha llevado sus conocimientos a distintas localidades de Argentina, entre ellas Ushuaia, y también ha brindado cursos de postgrado en Bolivia y Brasil.
La Dra. Navone ha demostrado un gran compromiso institucional, evidenciado a través de su participación en la gestión de Gobierno de la FCNYM como Secretaria de Investigación y Transferencia, Consejera Directiva y Consejera Superior en varios períodos. Ha presidido en más de una oportunidad la Comisión de Postgrado de su Facultad y se ha desempeñado en el CEPAVE como Vicedirectora primero, y Directora después.
Como resultado de su trayectoria, ha logrado convertirse en fuente de consulta permanente de colegas de distintas ramas de la Parasitología. Colabora en el ámbito fueguino con el Dr. Guillermo Deferrari y su grupo de Parasitología del Instituto de Ciencias Polares, Ambiente y Recursos Naturales de la Universidad Nacional de Tierra del Fuego.
Quienes la conocen resaltan su sensibilidad, calidez y habilidad para comunicar sus opiniones e ideas de forma amable y respetuosa. Continúa aportando e inspirando a las nuevas generaciones de científicas y científicos a través del dictado de conferencias, capacitaciones, cursos y materias de grado y postgrado, trabajos científicos y su participación en instancias de evaluación. Recientemente participó del programa de Gestión Ambiental de la UNLP, en el ciclo de entrevistas “Mujeres que dejan huellas en el ambiente” (marzo de 2025, Mujeres que dejan huellas en el ambiente, YouTube).
LÍNEA DE TIEMPO
1976: Se recibe de Licenciada en Zoología en la UNLP.
1978: Ingresa como becaria al CONICET, con la dirección del Dr. Sixto Coscarón, uno de los fundadores del CEPAVE.
1984: Defiende su Tesis Doctoral en la UNLP, obteniendo así su título de Doctora en Ciencias Naturales (Orientación Zoología).
1987: Ingresa a la Carrera del Investigador Científico (CIC) de CONICET como Investigadora Asistente.
2002 | 2016: Se desempeñó como vicedirectora del CEPAVE.
2008: Es nombrada profesora titular interina en la Cátedra de Parasitología General, materia optativa de grado y postgrado, FCNYM, UNLP.
2009: Promociona a Investigadora Principal de CONICET.
2012: Es nombrada profesora titular ordinaria de Parasitología General, FCNYM, UNLP.
2014: Gana el premio SAREM.
2017 | 2023: Asume como directora del CEPAVE.
2021: Es reconocida como profesora emérita, UNLP.
2022: Recibe el reconocimiento “Mujeres destacadas 2022” por parte de la Municipalidad de la ciudad de La Plata por su aporte a la comunidad.
2025: Obtiene la distinción “Julieta Lanteri” de parte de la SOVE (Sociedad Latinoamericana de Ecología de Vectores) en reconocimiento al compromiso, dedicación y los aportes realizados en el ámbito científico y tecnológico.
¿QUIÉN ES? Graciela Navone.Autores Patricia Rodríguez y Guillermo Deferrari. La Lupa Nº 27, diciembre 2025, 20-22, 2796-7360.
La pintarroja es un tiburón perteneciente a la familia Scyliorhinidae, caracterizado por sus ojos alargados con membrana nictitante (un párpado transparente que usan para proteger el ojo al cazar) y una boca larga y arqueada. Su dentición consta de dientes pequeños y cuspidados. Morfológicamente, presenta dos aletas dorsales y una aleta anal. Un rasgo distintivo es que la base de la primera aleta dorsal se encuentra sobre o detrás de la base de las aletas pélvicas. Además, el lóbulo inferior de su aleta caudal está poco desarrollado. Presenta un patrón de coloración dorsolateral marrón claro con manchas oscuras en forma de montura, encontrándose una sobre sus ojos y dos entre sus aletas dorsales. A su vez, presenta puntos negros y blancos dispersos a lo largo de su cuerpo (FIGURA 1).
FIGURA 1. Características externas de la pintarroja (Schroederichthys bivius). Foto: Modificado de Núcleo Pintarroja 2025.
DESCRIPCIÓN BIOLÓGICA Y MORFOLÓGICA
La pintarroja es un tiburón bentónico de tamaño moderado, con ejemplares que alcanzan hasta 91 cm de longitud. El cuerpo de esta especie es delgado y alargado, siendo las hembras más pequeñas que los machos (FIGURA 2). Al igual que todos los condrictios (tiburones, rayas y quimeras), presenta un marcado dimorfismo sexual (diferencias físicas notables entre sexos) dado que los machos presentan “claspers”, una modificación de los radios de las aletas pélvicas que forman una estructura reproductiva. Además, se pueden observar diferencias en la forma de la boca (hembras en forma de “V” y machos en forma de “U”), y en los dientes (hembras con 3 cúspides y machos con 1 cúspide). La dentición de los machos de los condrictios está adaptada a su comportamiento de apareamiento, ya que muerden a la hembra para retenerla durante la precópula, facilitando así la inserción de los claspers para asegurar la fertilización sujetando a la hembra (fecundación interna). Respecto a la talla de madurez sexual, es de 47,8 cm de longitud total para las hembras y de 55,6 cm para los machos.
FIGURA 2. Ejemplares de tiburón pintarroja, en la zona submareal. Foto: Reyes y Hüne (2012).
DISTRIBUCIÓN Y HÁBITAT
Esta especie es endémica del cono sur de Sudamérica, habitando tanto en el océano Atlántico como en el Pacífico. En el Atlántico, se distribuye desde el sur de Brasil, hasta Uruguay y Argentina, incluyendo las islas Malvinas. En el Pacífico, se extiende desde Valparaíso, Chile, hasta el Cabo de Hornos, aunque su mayor biomasa se encuentra en el sur de Argentina (FIGURA 3). Es una especie demersal, lo que significa que vive sobre el fondo marino, a profundidades que varían entre los 10 y 359 metros. Es una especie abundante en la Corriente de Malvinas, probablemente debido a su preferencia por las aguas frías, lo que podría explicar su distribución dentro de la Provincia Magallánica.
ECOLOGÍA Y COMPORTAMIENTO
La pintarroja es un depredador carnívoro oportunista con una dieta muy variada que incluye camarones, cangrejos, pulpos, calamares, erizos, otros invertebrados y peces pequeños. Es de hábitos nocturnos; su nado es lento y en zigzag, y posee una gran capacidad de mimetismo, lo que le permite camuflarse con el fondo marino. Su reproducción es ovípara; las hembras ponen de una a dos cápsulas de huevos por temporada reproductiva, cada una conteniendo un único embrión. El embrión dentro de la cápsula se alimenta de una sustancia de reserva denominada vitelo, obteniendo agua y minerales del medio externo. Estas cápsulas, de aproximadamente 4 cm, son de color castaño claro y tienen filamentos que se adelgazan muy abruptamente y que se adhieren a organismos bentónicos como esponjas y corales, protegiendo al embrión en desarrollo. Su morfología es característica de la especie (FIGURA 4). Al nacer, los juveniles presentan un patrón de coloración diferente a la del adulto (FIGURA 5).
FIGURA 3. Mapa de distribución del tiburón pintarroja, una especie endémica del Cono Sur de Sudamérica. Autor: Dulvy et al., 2020.
FIGURA 4. Cápsula de huevo de la pintarroja, con filamentos que la anclan al sustrato marino.
FIGURA 5. Juvenil de tiburón pintarroja, con la coloración típica de este estadio.
ESTADO DE CONSERVACIÓN Y AMENAZAS
A nivel global, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) clasifica a la pintarroja como de “Preocupación Menor”. Sin embargo, estudios locales en Argentina han identificado una disminución de su biomasa de al menos el 50% entre 1996 y 2006. A pesar de ser un animal inofensivo para los humanos, se estima que su población en esta área se ha reducido entre un 65% y un 70% en un periodo de tres generaciones. La principal amenaza es la captura incidental (bycatch) en la pesca de arrastre de fondo, especialmente en las pesquerías de camarón, que ha aumentado dramáticamente en años recientes, superponiéndose con las áreas de reproducción y crianza de la pintarroja. Esta discrepancia entre la clasificación global y la evidencia local subraya la urgente necesidad de una reevaluación del estado de la especie, sugiriendo que podría ser categorizada como “Vulnerable” o incluso “en Peligro”.
Las especies marinas enfrentan desafíos distintos a las terrestres. En el mar, la visión es limitada debido a la rápida absorción de la luz, generando ambientes de completa oscuridad en las profundidades. A su vez, el agua favorece la propagación del sonido, viajando a mayor velocidad que en el aire. Bajo estas condiciones, numerosos organismos marinos han desarrollado especializaciones acústicas para comunicarse, orientarse y localizar a sus presas, destacándose entre ellos los mamíferos marinos, como delfines y ballenas. Gracias a esto, podemos aprovechar los sonidos que emiten las especies para monitorear sus poblaciones a lo largo del tiempo y del espacio, identificando cuándo y dónde están presentes, así como sus principales comportamientos.
FIGURA 1. Hidrófono autónomo en las aguas del canal Beagle.
Para ello utilizamos hidrófonos, instrumentos que graban las señales acústicas bajo el agua (FIGURA 1). Éstos funcionan como micrófonos subacuáticos: captan la presión acústica y la transforman en señales eléctricas. Existen diferentes tipos de hidrófonos y formas de configurarlos según los objetivos de cada estudio. Los hidrófonos autónomos pueden almacenar las grabaciones en una memoria interna que luego se descarga en la superficie, mientras que aquellos conectados por cable transmiten la información en tiempo real (FIGURA 2A Y 2B). Además, se pueden usar varios hidrófonos sincronizados en un arreglo, que, al comparar el tiempo en que la señal llega a cada dispositivo, permiten determinar la posición de la fuente sonora (FIGURA 2C). De este modo, los hidrófonos son herramientas fundamentales para estudiar la ecología de animales marinos de forma no invasiva, durante largos períodos y en lugares poco accesibles.
FIGURA 2. A: Hidrófono autónomo; B: Hidrófono conectado por cable; C: Arreglo de hidrófonos.
¿Quién protege a los ecosistemas que protegen a Ushuaia?
Ushuaia está ubicada entre el canal Beagle y las montañas fueguinas, en una estrecha franja geográfica marcada por fuertes pendientes, glaciares y suelos inestables. El cambio climático y el crecimiento urbano han intensificado los riesgos naturales como deslizamientos, saturación de suelos y erosión. Aunque el Código de Planeamiento Urbano establece que no debe construirse por encima de los 115 metros sobre el nivel del mar, la ciudad se ha expandido hacia terrazas más altas, entre los 200 y 300 metros (FIGURA 1), donde se encuentran ecosistemas frágiles como bosques nativos y turberas. La urbanización de estas zonas no solo pone en peligro a quienes viven allí, sino que debilita la capacidad del territorio entero para enfrentar amenazas como lluvias intensas, aludes o sismos. Además, hay que tener presente que los cambios en la temperatura también pueden desencadenar amenazas naturales. El cambio climático está acelerando procesos que antes eran más lentos y predecibles.
Ushuaia se asienta sobre antiguos depósitos glaciares, muy permeables y saturados de agua. Cuando suben las temperaturas, se intensifica el deshielo del manto nival y glaciar, así como del permafrost, ese suelo que permanece congelado gran parte del año. Esto genera una mayor cantidad de agua que corre por la superficie y por debajo del suelo, lo que vuelve inestable el terreno. En la Patagonia Austral ya se han registrado deslizamientos de ladera como consecuencia directa de este fenómeno, especialmente en zonas donde el suelo, mojado y en pendiente, carece de vegetación que lo contenga.
FIGURA 1. Usos del territorio en la ciudad de Ushuaia.
¿QUÉ HAY ARRIBA DE LA COTA 115?
Por encima de la cota 115 en Ushuaia se extiende una terraza natural donde predominan ecosistemas de alto valor ambiental, como turberas y bosques. Las turberas de esta zona están protegidas mediante Ordenanza Municipal Nº 3123; y por su parte los bosques forman parte del Bosque Comunal protegido mediante Ordenanza Municipal N° 2171. Las turberas, en particular, son humedales formados por la acumulación de materia vegetal en zonas saturadas de agua. Son consideradas aliadas clave contra el cambio climático porque almacenan grandes cantidades de carbono y regulan el régimen hídrico. Sin embargo, en el mundo, se pierden miles de kilómetros cuadrados de turberas cada año por actividades humanas. En respuesta, muchos países han comenzado a priorizar su restauración como estrategia para reducir el riesgo de desastres, mejorar la biodiversidad y mitigar los efectos del cambio climático. Las turberas y bosques nativos que se encuentran en estas zonas elevadas no solo tienen un valor ecológico: también funcionan como “infraestructura natural”. Esto es, que ayudan a retener agua, estabilizar suelos y proteger a la ciudad de deslizamientos o inundaciones. Sin embargo, cuando se destruyen para construir, se pierde esa protección y crece la exposición al riesgo, especialmente en barrios informales que no cuentan con redes de agua, cloacas o drenaje.
VIVIR CRUZANDO EL LÍMITE
En Ushuaia, el riesgo ambiental no depende solo de la naturaleza, sino también de cómo las personas usamos el territorio. Cuando se construye en lugares inadecuados, como en las laderas por encima de la cota 115, se combinan amenazas naturales con problemas sociales, generándose así, condiciones que aumentan el riesgo. Además, este fenómeno responde a una lógica de exclusión social, las personas con menos recursos son las que terminan viviendo en los sectores más vulnerables, sin servicios ni contención institucional. La expansión de Ushuaia hacia zonas ambientalmente inestables es el resultado de una historia de crecimiento desigual y decisiones políticas fragmentadas. En las terrazas (FIGURA 2) se observa que la ocupación urbana del suelo se acrecienta progresivamente de oeste a este. En el corte 1, ubicado en el sector más occidental, la urbanización alcanza la cota 92; en el corte correspondiente al centro de la ciudad llega hasta la cota 237; y en el corte más oriental alcanza la cota 308. Este incremento en la altitud ocupada está directamente vinculado con la topografía: las pendientes más pronunciadas se concentran en el oeste, mientras que hacia el este predominan pendientes más suaves, lo que facilita la expansión urbana en elevaciones mayores.
FIGURA 2. Cortes topográficos del casco urbano de Ushuaia.
ENTRE PLACAS. RIESGOS GEOLÓGICOS.
Además de los riesgos derivados del crecimiento urbano sin planificación sobre ecosistemas frágiles, Ushuaia enfrenta otros tipos de amenazas naturales vinculadas a su ubicación geográfica y condiciones geológicas. Ushuaia se encuentra en una región donde confluyen varias placas tectó-nicas (FIGURA 3), lo que la convierte en una zona con actividad sísmica significativa (FIGURA 4). A lo largo de la falla Magallanes-Fagnano, se han registrado movimientos importantes que podrían repetirse en el futuro. Si bien los terremotos no son frecuentes, sus impactos pueden ser graves, especialmente en una ciudad que ha crecido sobre suelos frágiles y pendientes pronunciadas. El riesgo no está solo en la intensidad de un sismo, sino también en cómo está preparada, o no, la ciudad para enfrentarlo. Esta amenaza sísmica se combina con otros peligros asociados, como remoción en masa y la licuefacción del suelo. En zonas donde el terreno está saturado de agua o mal compactado, un terremoto puede hacer que el suelo se comporte como si fuera líquido, afectando edificios, calles e infraestructura. En un territorio como Ushuaia, con suelos blandos y humedales intervenidos, este fenómeno representa un riesgo serio que rara vez es tenido en cuenta en la planificación urbana. Otro factor crítico es la degradación de los recursos hídricos por encima de la cota 115, donde bosques, turberas y arroyos actúan como reguladores naturales del agua. Estos ecosistemas absorben, retienen y liberan agua de forma gradual, previniendo aludes, inundaciones y otros fenómenos extremos. Sin embargo, la urbanización ha avanzado sobre estas áreas. Al perder esta “infraestructura natural”, la ciudad queda más expuesta a eventos que podrían ser evitados si se conservaran estos ambientes clave.
FIGURA 3. Placas tectónicas en Tierra del Fuego.
FIGURA 4. Zonificación sísmica en Tierra del Fuego.
LAS MUCHAS CARAS DE LA VULNERABILIDAD
Cuando hablamos de vulnerabilidad, no nos referimos a una sola cosa. La vulnerabilidad es una condición compleja, con diversas facetas. No se trata solo de estar expuesto a una amenaza natural, como un sismo o un deslizamiento, sino también de las capacidades o limitaciones que tiene una comunidad para hacerle frente. Estas distintas vulnerabilidades, cuando se superponen, configuran escenarios de riesgo mucho más complejos.
AMENAZAS PRESENTES
De acuerdo al Manual para la elaboración de mapas de riesgo de Argentina, las principales amenazas para la región patagónica austral incluyen:
Sismos
Remociones en masa
Licuefacción de suelos
Inundaciones súbitas
Incendios forestales
Estas amenazas se ven intensificadas por la modificación antrópica del ambiente. Pero el riesgo no se distribuye de forma homogénea en toda la sociedad, sino que la suma de varios tipos de vulnerabilidades como se menciona en el CUADRO 1 incrementará o disminuirá el riesgo de cada sector.
LA PALABRA QUE FALTA
Este escrito no busca resolver el problema, ni mucho menos, viene a descubrir algo que no se sepa: hay numerosos estudios sobre el tema, investigaciones valiosas y profesionales comprometidos que desde hace años trabajan y alertan sobre estos riesgos. El propósito acá es otro: hablar del tema. Porque si no se habla, no existe. Y si no existe, no se cuida. El riesgo no es solo una amenaza natural, también se construye en cómo habitamos, cómo decidimos y cuánto sabemos. Por eso, en una zona sísmica como la nuestra, necesitamos volver cotidiana la conversación sobre riesgos y vulnerabilidades.
GLOSARIO
LICUEFACCIÓN: Fenómeno en el que, debido a un sismo o vibraciones, un suelo saturado de agua pierde su resistencia y se comporta como un líquido. REMOCIÓN EN MASA: Movimiento descendente de grandes cantidades de tierra, rocas o escombros por una pendiente, generalmente causado por lluvias intensas, terremotos o pérdida de vegetación. TURBERA: Humedal donde se acumula materia vegetal parcialmente descompuesta (turba), que almacena grandes cantidades de carbono y regula el agua del entorno. VULNERABILIDAD: Condición que hace a una comunidad o ecosistema más propenso a sufrir daños ante una amenaza. RIESGO: Probabilidad de daños o pérdidas que surge de la interacción entre una amenaza y las vulnerabilidades existentes en un territorio.