Peces de la familia Zoarcidae presentes en el canal Beagle

Peces de la familia Zoarcidae presentes en el canal Beagle

Argentinolycus elongatus:
de cuerpo muy alargado, coloración pardo-oscura y sin aletas pélvicas. Habita principalmente en aguas intermareales y submareales del canal Beagle. De tamaño pequeño, llega a medir hasta 14 cm.
Austrolycus depressiceps: caracterizado por la cabeza deprimida y ancha, y el cuerpo menos alargado que A. elongatus. Coloración gris/azulada. Vive en zonas costeras, incluso en ambientes intermareales rocosos. Su tamaño puede variar desde pocos centímetros hasta los 50 cm.

Técnica utilizada: tramado y puntillismo (aplicada en los patrones característicos).


ILUSTRACIÓN CIENTÍFICA. Peces de la familia Zoarcidae presentes en el canal Beagle. Ilustradora: Carla Navarro Sepúlveda. La Lupa Nº 27, diciembre 2025, 7, 2796-7360.



La tierra recuerda

La tierra recuerda

Archivos y memorias de la geografía ancestral desde Karukinka

PORTADA: El puente como capa de olvido. Archivo del Museo Municipal Virginia Choquintel (Río Grande, Tierra del Fuego).

Los bosques, lagos y montañas de Karukinka —nombre que los selk’nam dan a Tierra del Fuego— son jowen, es decir, seres antiguos que habitan la isla desde los orígenes del mundo. En la cosmología selk’nam, los jowen son cerros, ríos, vientos o estrellas que alguna vez fueron personas o espíritus y permanecen en la tierra, como cuerpos vivos del paisaje, o en el cielo, como cuerpos celestes.

A lo largo de los siglos, esos territorios antiguos fueron reemplazados por mapas coloniales y nacionales. Tras la invasión y el genocidio, el colonialismo borró nombres, rituales e historias. Así, el mundo mágico de los ancestros se volvió invisible, aunque nunca desapareció. Hoy, cada vez más integrantes de la comunidad indígena retornan a estos paisajes sagrados como guardianes de la memoria de la tierra, porque las piedras, cerros y ríos cuentan la historia de su pueblo.


“Nombrar un río o una montaña
es decidir qué memorias permanecen y cuáles se borran.
Volver a nombrar como los antiguos y devolver la historia
a los paisajes ancestrales es reponer la memoria arrebatada
y afirmar el derecho a imaginar
y habitar los territorios en clave propia”


DESIERTO, MAPAS Y NOMBRES

Hacia fines del siglo XIX, los territorios selk’nam fueron apropiados por unos pocos empresarios capitalizados, cercados con alambrados y convertidos en propiedad privada. La ganadería ovina intensiva se expandió para afirmar la soberanía de los Estados nacionales y abastecer los mercados internacionales. Así, se consolidó un colonialismo de asentamiento de colonos —devenidos pioneros— que procuró eliminar y sustituir a la población indígena.

Este proceso implicó desplazamientos forzados, matanzas, reclutamiento en campos de concentración, robo de niños y enfermedades importadas que provocaron un colapso demográfico. Los sobrevivientes fueron evangelizados, empleados como mano de obra e incorporados a la ciudadanía; donde su identidad fue negada durante décadas. Sin embargo, a pesar de todo esto, nunca abandonaron sus territorios. En 2021, a partir del reclamo de la Comunidad Indígena Rafaela Ishton, el Estado Provincial reconoció oficialmente estos hechos como un genocidio.

Una de las huellas más persistentes del colonialismo es la violencia ejercida sobre y a través del espacio. No solo se trata de apropiaciones materiales, sino también de desigualdades en las formas de imaginar y habitar los territorios. Al renombrar los paisajes, los colonos y el Estado crearon una nueva geografía de la memoria. Allí donde había montañas sagradas y parientes transformados en agua y piedra, los nuevos propietarios vieron recursos, pasturas o madera. Así, imaginaron su propia historia asociada al sacrificio pionero y al progreso, mientras borraban los paisajes indígenas.

Nombrar no es un acto neutral, es ejercer poder. Quien nombra un río o una montaña decide qué memorias se inscriben en ellos y cuáles quedan silenciadas. Por eso, volver a nombrar es una forma de recomponer los lazos con los territorios y los seres que los habitan. Estos seres, que evocaban guerras e historias del tiempo de los jowen —el tiempo del matriarcado, cuando no existía la muerte y se originó todo lo viviente— fueron rebautizados con nombres de militares y gobernadores. Así, muchos ríos y lagos recibieron nombres de santos o denominaciones arbitrarias en castellano o inglés. En otros casos, conservaron sus nombres, pero sus historias fueron olvidadas.

Pese a los silencios impuestos, la tierra conserva la memoria de sus antiguos dueños. Aunque varias generaciones indígenas crecieron sin conocer los nombres ancestrales, esas presencias que parecían ausentes insisten en el presente. Entonces, pequeños gestos, como hacer talleres de lengua, recorrer los territorios antiguos o investigar los archivos, tienen el potencial de descolonizar la imaginación y de abrir otros modos de habitar y comprender el territorio.

AITH Y EL PUENTE JOSÉ MENÉNDEZ

Hace unos meses, Alesis González y Antonela Guevara, integrantes de la comunidad selk’nam, propusieron organizar una serie de encuentros para recomponer la historia del territorio comunitario, en vísperas del centenario de su recuperación, celebrado el 29 de julio de 2025. La propuesta retomaba un camino de trabajo conjunto iniciado hace más de una década con referentes como Miguel Pantoja, intelectual selk’nam dedicado al estudio de los archivos para recuperar la historia arrebatada y denunciar el genocidio de su pueblo.

El primer taller fue una experiencia de memoria y afecto, un espacio para compartir archivos, saberes y recuerdos. El encuentro activó memorias colectivas y reafirmó el compromiso de seguir reconstruyendo la historia junto a la comunidad. Entonces, decidimos continuar encontrándonos y volver, en cada ocasión, a la historia de un lugar distinto.

Así, una tarde de agosto emprendimos un viaje a los tiempos de los jowen para conocer la historia de un pequeño cerro ubicado a orillas del río Jorr —antiguo nombre selk’nam del actual río Grande. Para los antepasados de mis interlocutores, este cerrito era un jowen, un ancestro que al morir se transformó y permanece allí, vivo pero inmóvil. Rebautizado por los colonos como Cerro Águila, parece ser en realidad Aith, de acuerdo con los registros del misionero salesiano José María Beauvoir.

Con el avance colonial, este cerro fue progresivamente invisibilizado, junto con su historia. En su superficie se inscribieron nuevas marcas: una cruz, un santuario a la Difunta Correa y, frente a él, un puente de hierro bautizado con el nombre de José Menéndez (PORTADA), pionero latifundista y principal responsable del genocidio indígena. La obra, símbolo del progreso ganadero, cubrió la memoria del cerro con una nueva capa: la del colonialismo celebrado en la infraestructura urbana. Este puente, forjado en hierro, parecía destinado a perdurar para siempre. Sin embargo, se derrumbó en 2011 (FIGURA 1). Hoy solo persisten los restos oxidados como un recordatorio de la violencia estatal y estanciera.

FIGURA 1. Los lugareños lo llaman “Puente Colgante” o “Puente Viejo”, pero la tierra recuerda y es más persistente que el hierro. Foto: Facundo Viñabal.

En un primer momento pensamos que Aith —el cerro cuya historia fue borrada— podía ser Chaskels, el gigante antropófago del que hablan los antiguos relatos, pero seguimos revisando fuentes y contactamos a Pablo Torres Carbonell. Él recordó un pasaje de un libro de Nelly Penazzo —una médica que en la década de 1990 compiló los archivos del genocidio selk’nam— donde identificaba a Chaskels como el cerro Tchat-chii. Recomponer historias es también seguir pistas y huellas.

Los paisajes y nombres antiguos condensan genealogías y vínculos espirituales, además de ser excelentes descriptores geográficos. Tal es el caso de Tchat-chii (FIGURA 2). Según los testimonios de Keitetowh, Halimink y Parren —recogidos por Martin Gusinde entre 1918 y 1924—, Chaskels era un gigante que, en los tiempos de los jowen, caminaba sobre la tierra y se alimentaba de seres humanos. Como atemorizaba a hombres, mujeres y niños, el poderoso Kwanyp lo enfrentó y lo ultimó junto al río. Luego, su cuerpo quedó tendido boca abajo, se transformó en roca y cambió su nombre. Visto desde lejos, Tchat-chii parece un gigante recostado. Desde el aire, puede distinguirse la forma de su columna vertebral dormida.

UN HORIZONTE DE JUSTICIA

Recuperar la geografía ancestral es un acto de justicia. Estos procesos pueden conducir a políticas como la cartelería bilingüe, la creación de áreas protegidas con gestión indígena o el reconocimiento jurídico de montañas y ríos como seres vivos. Pero el simple hecho de recuperar la historia ancestral de un cerro ya es una gran victoria. El gesto es frágil pero transformador, porque la tierra recupera la voz y la memoria insiste en volver.

Ese es también el horizonte del trabajo que emprendimos junto a integrantes de la comunidad selk’nam. Nos propusimos construir una contra-cartografía que restituya los nombres y relatos borrados, y que permita pensar otros modos de representar y habitar el territorio. No se trata solo de corregir los mapas coloniales, sino de volver a dibujar la isla desde las memorias, los afectos y las relaciones que la sostienen. En este camino, cada punto, cada camino y cada nombre recuperado es una forma de justicia territorial, una manera de hacer visible la persistencia de los jowen y de quienes caminan junto a ellos.

FIGURA 2. Chaskels, el gigante antropófago que se transformó en Tchat-chii. Foto. Pablo Torres Carbonell.

El puente de hierro cayó y sus restos se oxidan junto al silencio de los herederos del latifundio. En cambio, los cerros siguen en pie. Allí donde el colonialismo intentó imponer nombres, vuelven a escucharse las memorias ancestrales. Recuperar un paisaje no es solo recordar, es volver a escuchar a la tierra y reconocer que la justicia también se escribe en montañas, ríos y senderos. Mientras los símbolos del progreso se convierten en ruinas, la geografía ancestral permanece y espera ser nombrada, invocada en el recuerdo y habitada.


GLOSARIO

KWANYP: Según Martin Gusinde, Kwanyp fue un jowen que, al morir, se elevó al firmamento y se convirtió en la enorme estrella roja Betelgeuse. Hoy sigue allí con sus mujeres y conforman juntos la constelación deOrión.


ARTÍCULO PRINCIPAL. La tierra recuerda: Archivos y memorias de la geografía ancestral desde Karukinka. Autora: Ana Cecilia Gerrard. La Lupa Nº 27, diciembre 2025, 2-6, 2796-7360.



Microfósiles que cuentan historias

Microfósiles que cuentan historias

Muestreo palinológico en el litoral atlántico de Tierra del Fuego

Los estudios palinológicos, que consisten en el análisis de polen, esporas y otros restos orgánicos, constituyen una herramienta eficiente para explorar la variabilidad de las condiciones ambientales y climáticas del Cuaternario tardío (últimos 129.000 años). El análisis de polen y esporas fósiles permite reconstruir las comunidades vegetales que habitaron una región, ofreciendo claves ecológicas para entender cómo respondieron a las transformaciones del entorno a lo largo del tiempo y a distintas escalas espaciales.

FIGURA 1. Contexto regional y área de estudio.
FIGURA 2. Vista panorámica del sector del Arroyo Gamma.

De forma similar, el estudio del paleomicroplancton de pared orgánica, como los quistes de dinoflagelados y otras algas, aporta evidencias cruciales para evaluar cambios paleoambientales y paleoclimáticos en cuerpos de agua marinos y continentales, tanto regionales como locales.

Con este objetivo se llevaron a cabo varias salidas de campo en diferentes sectores de Tierra del Fuego, particularmente en la zona centro-norte del litoral atlántico. Previamente, los sitios potenciales de muestreo fueron seleccionados en gabinete, mediante el análisis e interpretación de imágenes satelitales y mapas topográficos.

La campaña más reciente fue llevada a cabo a fines del 2023, a unos pocos kilómetros al sur de la Bahía San Sebastián, en el área del Arroyo Gamma. Durante dos días se trabajó en ese sector, donde se identificó un perfil sedimentario expuesto en un corte erosivo del arroyo, denominado AG. Estos tipos de afloramientos actúan como registros del paisaje pasado: sus capas sucesivas preservan señales de los ambientes que les dieron origen. En el sitio de muestreo, se tomaron coordenadas con GPS y se realizó la descripción del perfil sedimentario AG mediante inspección visual, considerando atributos como textura, estructura, composición y color del depósito.

FIGURA 3. Perfil sedimentario AG.
FIGURA 4. Parte superior del perfil sedimentario AG.

El muestreo palinológico se llevó a cabo con muestreadores metálicos en forma de corchete (“[“). Para la extracción se necesitó de la ayuda de cucharas de albañil, obteniéndose finalmente cuatro tramos sucesivos de sedimentos, los cuales fueron cubiertos con film para evitar su contaminación. Posteriormente, en el laboratorio se submuestrearon cuidadosamente cada 2 cm con ayuda de una cinta métrica.

Cada una de estas pequeñas porciones de sedimento (muestras) puede contener distintos palinomorfos, como granos de polen, esporas, algas y otros restos microscópicos, que bajo el microscopio revelan cómo eran los ambientes hace miles de años y cómo estos fueron transformándose. Pero antes de llegar al laboratorio, cada muestra requiere horas de trabajo en el campo: exige observación detallada, planificación, paciencia, criterio técnico y capacidad de adaptación.

Más allá de su valor científico, esta disciplina permite experimentar estos paisajes remotos con otros ojos, interpretar sus formas y así reconstruir, a partir de huellas diminutas, las complejas historias naturales que permanecen ocultas bajo la superficie.


DIARIO DE CAMPO. Microfósiles que cuentan historias. Autoras: Pamela Daniela Alli y Mariana Evelyn Raab. La Lupa Nº 27, diciembre 2025, 10-13, 2796-7360.



Mapas de una fragilidad anunciada

Mapas de una fragilidad anunciada

¿Quién protege a los ecosistemas que protegen a Ushuaia?

Ushuaia está ubicada entre el canal Beagle y las montañas fueguinas, en una estrecha franja geográfica marcada por fuertes pendientes, glaciares y suelos inestables. El cambio climático y el crecimiento urbano han intensificado los riesgos naturales como deslizamientos, saturación de suelos y erosión. Aunque el Código de Planeamiento Urbano establece que no debe construirse por encima de los 115 metros sobre el nivel del mar, la ciudad se ha expandido hacia terrazas más altas, entre los 200 y 300 metros (FIGURA 1), donde se encuentran ecosistemas frágiles como bosques nativos y turberas.
La urbanización de estas zonas no solo pone en peligro a quienes viven allí, sino que debilita la capacidad del territorio entero para enfrentar amenazas como lluvias intensas, aludes o sismos. Además, hay que tener presente que los cambios en la temperatura también pueden desencadenar amenazas naturales. El cambio climático está acelerando procesos que antes eran más lentos y predecibles.

Ushuaia se asienta sobre antiguos depósitos glaciares, muy permeables y saturados de agua. Cuando suben las temperaturas, se intensifica el deshielo del manto nival y glaciar, así como del permafrost, ese suelo que permanece congelado gran parte del año. Esto genera una mayor cantidad de agua que corre por la superficie y por debajo del suelo, lo que vuelve inestable el terreno. En la Patagonia Austral ya se han registrado deslizamientos de ladera como consecuencia
directa de este fenómeno, especialmente en zonas donde el suelo, mojado y en pendiente, carece de vegetación que lo contenga.

FIGURA 1. Usos del territorio en la ciudad de Ushuaia.

¿QUÉ HAY ARRIBA DE LA COTA 115?

Por encima de la cota 115 en Ushuaia se extiende una terraza natural donde predominan ecosistemas de alto valor ambiental, como turberas y bosques. Las turberas de esta zona están protegidas mediante Ordenanza Municipal Nº 3123; y por su parte los bosques forman parte del
Bosque Comunal protegido mediante Ordenanza Municipal N° 2171. Las turberas, en particular, son humedales formados por la acumulación de materia vegetal en zonas saturadas de agua. Son consideradas aliadas clave contra el cambio climático porque almacenan grandes cantidades de carbono y regulan el régimen hídrico. Sin embargo, en el mundo, se pierden miles de kilómetros cuadrados de turberas cada año por actividades humanas. En respuesta, muchos países han comenzado a priorizar su restauración como estrategia para reducir el riesgo de desastres, mejorar la biodiversidad y mitigar los efectos del cambio climático. Las turberas y bosques nativos que se encuentran en estas zonas elevadas no solo tienen un valor ecológico: también funcionan como “infraestructura natural”. Esto es, que ayudan a retener agua, estabilizar suelos y proteger a la ciudad de deslizamientos o inundaciones. Sin embargo, cuando se destruyen para construir, se pierde esa protección y crece la exposición al riesgo, especialmente en barrios informales que no cuentan con redes de agua, cloacas o drenaje.

VIVIR CRUZANDO EL LÍMITE

En Ushuaia, el riesgo ambiental no depende solo de la naturaleza, sino también de cómo las personas usamos el territorio. Cuando se construye en lugares inadecuados, como en las laderas por encima de la cota 115, se combinan amenazas naturales con problemas sociales, generándose
así, condiciones que aumentan el riesgo. Además, este fenómeno responde a una lógica de exclusión social, las personas con menos recursos son las que terminan viviendo en los sectores más vulnerables, sin servicios ni contención institucional. La expansión de Ushuaia hacia zonas ambientalmente inestables es el resultado de una historia de crecimiento desigual y decisiones políticas fragmentadas. En las terrazas (FIGURA 2) se observa que la ocupación urbana del suelo se acrecienta progresivamente de oeste a este. En el corte 1, ubicado en el sector más occidental, la urbanización alcanza la cota 92; en el corte correspondiente al centro de la ciudad llega hasta la cota 237; y en el corte más oriental alcanza la cota 308. Este incremento en la altitud ocupada está directamente vinculado con la topografía: las pendientes más pronunciadas se concentran en el oeste, mientras que hacia el este predominan pendientes más suaves, lo que facilita la expansión urbana en elevaciones mayores.

FIGURA 2. Cortes topográficos del casco urbano de Ushuaia.

ENTRE PLACAS. RIESGOS GEOLÓGICOS.

Además de los riesgos derivados del crecimiento urbano sin planificación sobre ecosistemas frágiles, Ushuaia enfrenta otros tipos de amenazas naturales vinculadas a su ubicación geográfica y condiciones geológicas. Ushuaia se encuentra en una región donde confluyen varias placas tectó-nicas (FIGURA 3), lo que la convierte en una zona con actividad sísmica significativa (FIGURA 4). A lo largo de la falla Magallanes-Fagnano, se han registrado movimientos importantes que podrían repetirse en el futuro. Si bien los terremotos no son frecuentes, sus impactos pueden ser graves, especialmente en una ciudad que ha crecido sobre suelos frágiles y pendientes pronunciadas. El riesgo no está solo en la intensidad de un sismo, sino también en cómo está preparada, o no, la ciudad para enfrentarlo. Esta amenaza sísmica se combina con otros peligros asociados, como remoción en masa y la licuefacción del suelo. En zonas donde el terreno está saturado de agua o mal compactado, un terremoto puede hacer que el suelo se comporte como si fuera líquido, afectando edificios, calles e infraestructura. En un territorio como Ushuaia, con suelos blandos y humedales intervenidos, este fenómeno representa un riesgo serio que rara vez es tenido en cuenta en la planificación urbana. Otro factor crítico es la degradación de los recursos hídricos por encima de la cota 115, donde bosques, turberas y arroyos actúan como reguladores naturales del agua. Estos ecosistemas absorben, retienen y liberan agua de forma gradual, previniendo aludes, inundaciones y otros fenómenos extremos. Sin embargo, la urbanización ha avanzado sobre estas áreas. Al perder esta “infraestructura natural”, la ciudad queda más expuesta a eventos que podrían ser evitados si se conservaran estos ambientes clave.

FIGURA 3. Placas tectónicas en Tierra del Fuego.
FIGURA 4. Zonificación sísmica en Tierra del Fuego.

LAS MUCHAS CARAS DE LA VULNERABILIDAD

Cuando hablamos de vulnerabilidad, no nos referimos a una sola cosa. La vulnerabilidad es una condición compleja, con diversas facetas. No se trata solo de estar expuesto a una amenaza natural, como un sismo o un deslizamiento, sino también de las capacidades o limitaciones que tiene una comunidad para hacerle frente. Estas distintas vulnerabilidades, cuando se superponen, configuran escenarios de riesgo mucho más complejos.

AMENAZAS PRESENTES

De acuerdo al Manual para la elaboración de mapas de riesgo de Argentina, las principales amenazas para la región patagónica austral incluyen:

  • Sismos
  • Remociones en masa
  • Licuefacción de suelos
  • Inundaciones súbitas
  • Incendios forestales

Estas amenazas se ven intensificadas por la modificación antrópica del ambiente. Pero el riesgo no se distribuye de forma homogénea en toda la sociedad, sino que la suma de varios tipos de vulnerabilidades como se menciona en el CUADRO 1 incrementará o disminuirá el riesgo de cada sector.

LA PALABRA QUE FALTA

Este escrito no busca resolver el problema, ni mucho menos, viene a descubrir algo que no se sepa: hay numerosos estudios sobre el tema, investigaciones valiosas y profesionales comprometidos que desde hace años trabajan y alertan sobre estos riesgos. El propósito acá es otro: hablar del tema. Porque si no se habla, no existe. Y si no existe, no se cuida. El riesgo no es solo una amenaza natural, también se construye en cómo habitamos, cómo decidimos y cuánto sabemos. Por eso, en una zona sísmica como la nuestra, necesitamos volver cotidiana la conversación sobre riesgos y vulnerabilidades.


GLOSARIO

LICUEFACCIÓN: Fenómeno en el que, debido a un sismo o vibraciones, un suelo saturado de agua pierde su resistencia y se comporta como un líquido.
REMOCIÓN EN MASA: Movimiento descendente de grandes cantidades de tierra, rocas o escombros por una pendiente, generalmente causado por lluvias intensas, terremotos o pérdida de vegetación.
TURBERA: Humedal donde se acumula materia vegetal parcialmente descompuesta (turba), que almacena grandes cantidades de carbono y regula el agua del entorno.
VULNERABILIDAD: Condición que hace a una comunidad o ecosistema más propenso a sufrir daños ante una amenaza.
RIESGO: Probabilidad de daños o pérdidas que surge de la interacción entre una amenaza y las vulnerabilidades existentes en un territorio.


ARTÍCULO PRINCIPAL Mapas de una fragilidad anunciada. Autora: Eliana Peralta. La Lupa Nº 27, diciembre 2025, 28-34, 2796-7360.