Una noche en el Museo Acatushún
El detrás de escena de cómo se trabaja en el museo, porque conservar empieza por conocer.

Dentro de la Estancia Harberton se encuentra el museo más austral del mundo (FIGURA 1): el Museo Acatushún de Aves y Mamíferos Marinos Australes, fundado en el año 2001 por la bióloga Rae Natalie Prosser Goodall. La palabra Acatushún proviene del idioma yagan, y es el término que utilizaba este pueblo para designar la bahía donde este se encuentra hoy en día. Voluntarios de distintas provincias de Argentina, como así también de diferentes países, colaboramos en las tareas que allí se realizan. El museo cuenta con una de las colecciones óseas más importantes del mundo, que alberga esqueletos de alrededor de 2000 aves y más de 3000 mamíferos marinos.
Nuestro trabajo comienza en conjunto con el grupo de Investigaciones en Mamíferos Marinos Australes (IMMA) de CADIC con campañas de relevamiento en las costas de Tierra del Fuego en búsqueda de mamíferos marinos varados (FIGURA 2). En estas costas, estos eventos se dan con mayor frecuencia en la Bahía San Sebastián, la cual actúa como una trampa natural, resultado de sus características oceanográficas, y el Cabo San Pablo, lugar donde regularmente se reportan accidentes en redes de pesca.

La limpieza comienza en “Casa de huesos” (FIGURA 3), donde fraccionamos las partes del cuerpo del animal, separando el cráneo del resto, ya que este necesita procesos de limpieza diferentes. Con cuchillos, bisturíes y cepillos realizamos la remoción de los tejidos blandos adheridos a las estructuras óseas manualmente. Si el animal está fresco el proceso empieza inmediatamente, mientras que, en estados de descomposición más avanzados, donde los especímenes presentan partes de tejidos blandos secos o endurecidos, se añade un paso previo de maceración en toneles con agua de lluvia, para facilitar posteriormente la extracción de los tejidos remanentes.

Luego se pasa al laboratorio, donde removemos las últimas partes de cartílago o grasa de los huesos (FIGURA 4). Cabe destacar que para este trabajo no utilizamos ningún tipo de químicos, ya que pueden dañar y contaminar los huesos afectando futuras investigaciones.

Para finalizar, ensamblamos los esqueletos basándonos en bibliografía y modelos de referencia. Cada ejemplar cuenta con un número de catálogo dentro de la colección FRNP (Fundación Rae Natalie Prosser). El último ejemplar agregado a la colección fue el n° FRNP 173, perteneciente a la especie delfín liso (Lissodephis peronii), (FIGURA 5). Para lograr este resultado fueron necesarios cuatro meses de un gran trabajo colaborativo de los voluntarios.

Otra actividad central del museo es la divulgación científica mediante visitas guiadas, en las que buscamos que cada visitante comprenda que detrás de cada esqueleto existe un proceso de investigación, trabajo de campo y análisis científico. El conocimiento sobre los mamíferos marinos surge gracias a la labor colectiva, sostenida y comprometida de los investigadores y voluntarios (FIGURA 6).



De esta manera, buscamos revalorizar eventos naturales, como un varamiento, transformándolos en oportunidades para generar información, producir conocimiento y fortalecer la educación ambiental. Así, quienes nos visitan no solo incorporan saberes técnicos y reconocen el valor de la ciencia en contextos locales, sino que también desarrollan una mirada más sensible: al comprender cómo respira una ballena o cómo se comunica un delfín, dejan de percibirlos como elementos distantes y los reconocen como partes de un mundo vivo que vale la pena cuidar, porque la conservación comienza con el conocimiento.

Autores: Mariana García Peredo y Voluntarios/as y coordinación Museo Acatushún-Temporada 2025/2026. La Lupa Nº 28, julio 2026, 10-12, 2796-7360.